Monday, May 01, 2006

testimonio

Un testimonio espeluznante, escrito por un particular que la vivió.



Un recuerdo de la II República
“Vetusto”, en PeriodistaDigital
NOTICIA: http://blogs.periodistadigital.com/periodismo.php/2006/04/14/ii_republica_ihay_algo_de_lo_que_enorgul
Comentario de Vetusto colgado el 18.04.06 a las 00:04 horas

Yo no sólo he leído casi todo lo publicado sobre nuestra Guerra civil, por tirios y troyanos, por montescos y capuletos, por rojos y azules, sino que, por desgracia, lo he vivido día a día, desde el 18 de julio de 1936 hasta el 1 de abril de 1939. Mejor dicho, empecé a vivirlo el 6 de octubre de 1934, fecha de mi cumpleaños, el séptimo, porque ese día o alguna fecha después vino la policía a casa a detener a mi padre que a la sazón era Secretario General del Sindicato de Ferroviarios de UGT-Levante, con sede en Murcia, sindicato de gente muy decidida y de los "mejores" peor pagados entonces, porque el oficio era muy duro, mi padre era fogonero en las locomotoras de vapor. Iban a detenerlo, según me contó mi padre años después, porque su partido había iniciado la Revolución de octubre. Él concretamente, tenía la misión de volar el ferrocarril entre Alcantarilla y Murcia, al paso del correo Madrid-Cartagena, barbaridad que, desde luego nunca tuvo intención de ejecutar, pero que le costó estar varias semanas huyendo y escondiéndose donde podía.
Mi primer recuerdo personal de la guerra se remonta al domingo día 13 de septiembre de 1936. Nosotros vivíamos en la entrada a Murcia por la carretera de Cartagena, y al amanecer me despertó el ruido de un gran número de camiones, repletos de hombres y mujeres, que iban tocando las caracolas, como hacían los huertanos cuando venían las riadas, y gritando "U.H.P. la cabeza de Servet" (Federico Servet fue el primer Jefe Provincial de Falange, condenado a muerte junto a otras trece personas esa misma semana).
A media mañana, estando jugando en la calle con otros niños, oímos y vimos venir a una muchedumbre que gritaba desaforadamente y que, al parecer, venían tirando con unas cuerdas de algo que arrastraba por el suelo. Los demás niños se fueron asustados, pero yo con la curiosidad y la agilidad de mis casi nueve años, me abrí paso y vi lo que arrastraba aquella horda: un cuerpo sanguinolento, hecho pedazos del botar sobre los adoquines de los dos kilómetros que habría entre la Cárcel provincial y el lugar donde yo me encontraba. Recuerdo que llevaba una ropa interior de felpa, con calzoncillos largos que se ataban a los tobillos, hecha jirones y roja de sangre. La vista de aquel cadáver en el estado en que iba, me hizo vomitar y me marché a casa llorando. Mi madre me consoló como pudo y cuando llegó mi padre, le preguntó que como se consentían esas tropelías. Mi padre, avergonzado, le respondió que eran cosas de la guerra, y eso que entonces no sabíamos que cuando llegaron a la Iglesia del Carmen, de la que era Párroco el profanado y arrastrado Don Sotero González Lerma, le cortaron los testículos se los pusieron en la boca, lo colgaron de una farola de brazo de la Iglesia, lo rociaron de gasolina y le prendieron fuego. Pero antes, un "heroico" miliciano, le cortó una oreja y entró en una de las muchas tabernas que entonces existían (dando lugar a la expresión "la ciudad de la alegría, con muchísimas tabernas y ninguna librería") para que se la hicieran a la plancha y tomársela con un vaso de "jumilla".
Por la tarde se celebró la corrida de toros anunciada, era la Feria de Murcia, y al día siguiente la prensa local reseñaba: Que ante los rumores de que el Gobierno iba a indultar a alguno de los condenados a muerte, el pueblo sano se había concentrado ante la cárcel, dispuesto a tomarse la auténtica justicia popular por su mano. Avisado el Gobernador civil de lo que ocurría, sí, el mismo que presidió la corrida de toros por la tarde, dispuso que se fusilara en el mismo patio de la cárcel a los condenados, en lugar de llevarlos al cementerio que era lo que se acostumbraba, y que se abrieran las puertas para que el pueblo viera por sí mismo que la justicia popular se había consumado.
Por éste y otros incidentes que me marcaron para toda la vida, nunca he podido comprender el supuesto carácter democrático del socialismo. Recién terminada la guerra, y en el Instituto donde pude estudiar gracias a la ayuda de algunas personas favorecidas por mi padre, tuve como compañero a un hijo de un Oficial de la Marina de Guerra, en Cartagena, que había sido arrojado al mar, fuera de puerto, atado por el tobillo con otro compañero y "debidamente lastrados con una bala de cañón, fueron arrojados por la popa", como decía con gran precisión marinera, en oficio –que he visto–, del Comandante marítimo del puerto de Cartagena al Almirante Jefe del Arsenal. El total de "ajusticiados" por este "benévolo" procedimiento fueron 172 hombres. También tuve otro compañero, hijo de un Guardia Civil del Tercio de Albacete, al que mandaron –como procede en la Guardia Civil– en pareja, a la eternidad. Estos "sólo" fueron ochenta y tantos que, también "debidamente lastrados" y conducidos fuera de puerto por el "Río Sil", fueron tirados al agua como si fueran basura. Tengo materia para escribir el Diccionario Espasa, pero voy a terminar, contando una anécdota reconociendo el valor y el heroísmo de uno de los dos militares que figuraban en un pequeño óvalo, en el cuadro que estaba colgado en la pared de la Escuela pública, con la Matrona que representaba a la República, con el gorro frigio, una teta fuera, el fiero león hispano a sus pies y en los óvalos dichos, en uno el capitán Fermín Galán y en el otro García Hernández. Como es sabido, Fermín Galán se anticipó en unos días a la sublevación que los republicanos habían preparado para el 15 de diciembre de 1930. Sí, sí, en una Monarquía que gobernaba legítimamente en esas fechas. Pues bien, cuando Fermín Galán sacó a la tropa en Jaca, lo hizo con un bando muy escueto: Artículo único.” El que se opusiere de palabra u obra a la naciente República española, será pasado por las armas sin previa formación de causa.- Jaca 12 de diciembre de 1930". Fracasado el golpe, unos días después fue juzgado por un Consejo de Guerra sumarísimo. Fermín Galán renunció a que le nombraran defensor y asumió su propia defensa que consistió simplemente en alegar, fría y serenamente, "He jugado y he perdido. Si hubiera ganado los que ahora estaríais sentados aquí, seríais vosotros, pero como he perdido y lo único que tengo para pagar es mi vida, condenadme a muerte que es lo que marca la ley." Efectivamente, al día siguiente fue fusilado. ¡Chapeau! Finalmente, voy a decir lo que fue de mi padre. Se mantuvo firme en su puesto hasta el 1 de abril de 1939, cuando en la calle se oían las campanas de todas las iglesias y sonaban cohetes alborozados por la victoria de los "fascistas". Sus compañeros jefes se olvidaron de él como de tantos otros porque si repartían el pastel de lo que habían robado a España y a multitud de particulares, hubieran tocado a muy poco. Se escondió en casa de un amigo de mi abuelo y a los pocos días se fue a casa de sus padres y en una cámara estuvo escondido ¡más de nueve años! Harto de encierro, a finales de 1948 se vino a Madrid a trabajar en una tienda de lámparas que estaba en la Puerta del Sol, al comienzo de Arenal. A los dos años, confiado en que lo habían visto muchos amigos y conocidos de Murcia sin que ocurriera nada, volvió a trabajar en Alcantarilla de encargado de confianza de una Fábrica de Conservas, que era de otro favorecido por él. Allí estuvo más de un año, pero cuando despidió a un empleado que robaba la hojalata para los botes de conservas, éste lo denunció lo detuvieron, estuvo unos meses en prisión preventiva y en la primavera de 1952, se celebró el Consejo de Guerra para juzgarle. Yo acababa de hacer las prácticas de Alférez de Complemento porque había terminado la Licenciatura en Derecho y entonces un Teniente de Artillería, que también era Licenciado en Derecho, asumimos su defensa, y aunque el Fiscal pidió la pena de muerte, poniéndonos todos de pié como exigía el vigente Código de Justicia Militar para escuchar la sacramental frase "En nombre la Ley solicito la pena de muerte para el acusado", el Tribunal lo condenó a treinta años de reclusión mayor, con aplicación automática de todos los indultos con lo quedaba en libertad desde ese mismo momento y nos fuimos a celebrarlo. Me he dejado llevar por los recuerdos y me he extendido demasiado. Yo sólo quería dejar constancia por mi testimonio personal, directo y sin influenciar por nadie, que la I y la II República españolas, han sido nefastas. Que no soy monárquico porque la ley del nacimiento me parece irracional. Pero que si la III República va tener algo, por poco que sea, de las anteriores, aunque sea con la nariz tapada, elegiría a un Borbón, porque no tenemos más opciones, aunque hay que ver la estela que han dejado en la historia. Comprendo al general Prim, cuando dijo "¿Un Borbón...? Jamás, jamás, jamás". Pero conozco toda la legislación dictada en la II República: Constitución de 1931 ( De la que dijo Don Niceto Alcalá Zamora que incitaba a la guerra civil); Ley de Defensa de la República (llamada Ley mordaza, que cerró mas de cien periódicos en cuatro años); Ley de Términos municipales, engendro para dividir a los obreros y enfrentarlos unos a otros, nacida de la cabeza del Ministro de Trabajo, Largo Caballero, el Lenin español... Estoy dispuesto a aclararle a quien quiera, todo el sectarismo de aquella República, con el Diario de Sesiones del Parlamento, con la Gaceta de Madrid, o con los periódicos de la época, especialmente "El Socialista" en el que aprendí a leer... Mis mejores deseos para todos los hombres de buena voluntad, militen donde militen y estén donde estén.

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