Thursday, September 06, 2018

Las letras del "páramo"

                                                           De inminente aparición

Thursday, August 23, 2018

Marqués de Tamarón: Churchill, Marañón y la Memoria Histórica



Marqués de Tamarón: Churchill, Marañón y la Memoria Histórica: Churchill, Marañón y la Memoria Histórica Así vió Winston Churchill la Guerra Civil española: “Naturalmente no estaba a favor d...

Wednesday, August 22, 2018

Valle de los Caídos


Los católicos españoles esperan que la Iglesia a la que siguen siendo fieles impida la profanación del Valle de los Caídos y garantice el eterno descanso de los restos de los que allí reposan, iguales todos ante el Altísimo.

(Mensaje enviado a este enlace: http://www.conferenciaepiscopal.es/formulario-de-contacto/ )

Léase en EL MUNDO la opinión de un comunista de bien

Y en ABC la de otro al que no me duelen prendas en aplaudir

Tuesday, August 21, 2018

Monday, August 20, 2018

Desde Bogotá, via Johannesburgo y Madrid


Véase reseña de L. A. de Villena, desde Colombia, donde debe de estar por La Feria del Libro de Bogotá. Mi almuerzo con Cabrera Infante no fue en Ginebra, sino en su domicilio de Londres, donde lo visité a raíz de una carta suya que se reproduce en este epistolario juvenil, en la que me anunciaba el envío de un texto sobre otro escritor : "Tal vez usted reconozca al personaje, que es tan baboso que la hoja de papel resbalaría ante la viscosidad de su nombre."
El "baboso" era Cortázar, a quien Cabrera en su escrito llamaba "El eunucoprio". En mi acuse de recibo, le decía que su ataque me parecía feroz y que lo más ofensivo para el pobre "Micromegas" era la caridad, "¿por qué negársela?"  Este cruce de cartas, en tono amistoso, fue en noviembre del 71 y en enero del 72 fui por fin a Londres a almorzar a su casa con él y su señora, y luego a su estudio a tomar café. No creo que fuera entonces, en aquella insulsa sobremesa, en la que él habló más que yo, cuando se sintió indispuesto.  Por el amigo que insistió en que fuera a verlo, el cubano Juan Arcocha, supe que fue esto de la "caridad" lo que le revolvió el estómago al pobre Cabrera. Todo esto lo cuento más o menos en Mano en candela.

Monday, August 13, 2018

Postal de Valparaíso


 La Colombina. Valparaíso:
las oncecitas o almorzar.
Balcón de proa fronterizo
de la ciudad funicular.

Suenas campanas anglicanas,
o luteranas...¡Yo qué sé!
Están cerradas las ventanas
de aquel croata que se fue.

Los empinados escalones,
los ascensores de cantón suizo,
chupe, cazuela, palta, ostiones...
¡Viña del Mar! ¡Valparaíso!

Friday, August 10, 2018

Wednesday, August 08, 2018

Nunca es tarde


Elvira Roca Baena es como la verdad en San Agustín, siempre antigua y siempre nueva. Véase Entrevista en EL ESPAÑOL

Thursday, August 02, 2018

Unidos por la música



Los cubanos lo pasan bien
donde estén y como estén

Vean y oigan si no me creen

Sunday, July 29, 2018

El viento de Poniente está hecho de buenos aires

Contradicciones de la sociedad opulenta
Lenin llama un taxi a la puerta del Tortoni, donde estaba conspirando.


Alberto Buela (*)

El número determinante de la dirigencia política, económica, social y cultural de Occidente quiere que los casados se divorcien y que los curas se casen, que los niños por nacer mueran y que los inventos de probeta nazcan, que los pobres tengan todos los derechos (irrealizables) y que los ricos tengan más dinero, que las naciones se integren en grandes grupos y que los pequeños nacionalismos se independicen, que los niños sean protegidos y que se autorice la pedofilia, que todos hablemos inglés y decimos combatir al imperialismo. Y así podemos seguir enumerando contradicción tras contradicción.
Hace ya muchos años un filósofo italiano de la talla de Augusto Del Noce afirmaba que: nuestras sociedades disponen de infinitos medios como nunca antes tuvo a mano, el problema es que tienen confundidos los fines. La dirigencia actual no sabe a donde ir, no resuelve los problemas sino en todo caso los administra, como observó otro italiano Massimo Cacciari. Vivimos en una pax apparens donde los conflictos se organizan y no se resuelven.
Hoy, desfondado el marxismo en el plano político, éste se limita a la disputa cultural: no más crucifijos en las escuelas ni en los tribunales, el uso de la burka o no, el matrimonio igualitario, el aborto, la eutanasia, la zoofilia, la identidad de todos por igual, la inmigración irrestricta, la educación gratuita y sin exámenes, y un largo etcétera. En una palabra, el marxismo y la izquierda en general, distraen a la sociedad de sus verdaderos problemas y son funcionales al imperialismo del dinero.
Esta renuncia del marxismo a la lucha política creó un amplio espacio vacío de contenido que van llenando los nuevos actores sociales, pero que carecen de un pensamiento político propio o al menos determinado. Las agrupaciones sociales se duplican por doquier para demandar subsidios del Estado, cooperativas de trabajo que no trabajan sino que también reclaman subsidios, nuevas agrupaciones políticas conformadas por un amasijo de ideas tomadas de acá y de allá. El reclamo sustituyó a la revolución, el pueblo se transformó en público consumidor y la opinión pública en la opinión publicada.
Hoy el poder no lo detentan los Estados sino el imperialismo internacional del dinero, en palabras del Pío XII. Este imperialismo los tiene en un puño y ellos solo tienen un poder derivado o vicario. La idea de una revolución nacional ha sido descartada del discurso político, que solo nos habla de lo bien que vamos a estar, cuando en el presente estamos como la mona. Su eslogan es: estamos mal pero vamos bien. Es la zanahoria para hacer marchar al burro. Es la ñata contra el vidrio del tango de Discépolo.
Incluso en orden al pensamiento dejamos de tener pensadores con enjundia filosófica, con penetración de la inteligencia en la realidad, para caer en un pensamiento ocurrente, festivo al decir de Philippe Muray, pero sin ninguna consecuencia política. Es el pensamiento y son los pensadores del denominado progresismo.
Qué hacer. Cómo salir de esta decadencia cuya ley fundamental es que siempre se puede ser un poco más decadente. Tenemos que salir de este laberinto como lo hicieron Ícaro y Dédalo, por arriba. Tenemos que crear, tenemos que inventar nuevas instituciones (tienen que desaparecer los Bancos
Centrales), nuevas representaciones (tiene que desaparecer el monopolio de los partidos políticos). Hay que mostrar certezas en esta sociedad de la incerteza.Hay que disentir con lo que nos viene impuesto ofreciendo otro sentido a lo dado.
(*) buela.alberto@gmail.com

Thursday, July 26, 2018

Nacionalcatolicismo y "pazada por la izquierda"


Ahora en que, entre las esperanzas de los unos y los temores de los otros, la derecha vergonzante parece resuelta a dejar de serlo y a poner fin en serio a esa  ya cuadragenaria pazada por la izquierda que nos ha traído a donde estamos, reproduzco una vez más - ya lo hice en las primeras entradas del presente cuaderno de bitácora - un texto, para mí ejemplar, para que lo mediten los que se propongan devolvernos eso que Giner de los Ríos llamaba la verticalidad.

Nacional catolicismo

LOS pedantes y tontilocos que tanto abun­dan en los medios de información es­pañoles -como, por otra parte, en el resto del «mundo libre”- nos están dando la tabarra con eso del «nacional catolicismo», considerándolo una de las rémoras más embarazosas de los cua­renta años en que los españoles, libres de las mojigangas demoliberales, pasa­mos del vagón de tercera y el cerrilismo al automóvil y la modernidad. Pero, por una vez al menos, tienen algo de razón. Porque no sólo en los cuarenta años, si­no desde que España es España, y mientras lo siga siendo, no es posible entender nuestro nacionalismo sin el catolicismo; ni, por otra parte, el catolicismo español sin una buena dosis de hispanidad o, como gustaba decir Orte­ga con un lindo vocablo, de españolía y es lógico que suceda así. Porque España se fue constituyendo a través de ocho siglos con la cruz de Cristo en las banderas, las armas y armaduras y, lo que es más importante, en lo más pro­fundo de los corazones. La Reconquista fue realmente una cruzada. Y no, como en otros países de Europa, aventuras exteriores y accidentales, sino algo ínti­mo, consustancial. Y, por si fuera poco, al terminar la Reconquista, España se lanzó a la nueva cruzada de la hispani­zación de América, que por el hecho mismo de ser hispanizada, fue cristiani­zada, proporcionándole a la Iglesia católica su máxima difusión y el mayor número de fieles de cuantos alberga en el mundo. Por eso, porque el catolicismo fue el alma de nuestra empresa históri­ca, es imposible desunir sin desvirtuar­los nuestro nacionalismo y nuestro ca­tolicismo. Lo que es difícil de entender por los pueblos que no pasaron por una misma experiencia. Sólo Polonia tiene un talante nacional parecido. Lo que permite que Juan Pablo II nos pueda comprender y valorar mucho mejor que sus predecesores en la Santa Sede.
Pero lo que de verdad irrita a los pe­dantes y tontilocos es que pueda persis­tir la religiosidad en nuestro nacionalis­mo, pese a sus esfuerzos por separarlos. Les parece, sin duda, intolerable que en el mundo secularizado que vivimos, donde Dios es un forastero y la Iglesia un embarazoso remanente, persista esa unión. ¿No se ha intentado por todos los medios en los siglos XIX y XX, que el na­cionalismo fuese el sucedáneo de la re­ligión: es decir, la religión de los que no la tienen? ¿Y los españoles -siempre llevando la contraria- se empeñan, pe­se a todo, en que subsista la vieja consustancialidad? No ha bastado, al parecer, que se separasen, como se decía antes, el altar del trono, la Iglesia del Estado, y que se elaborase una Constitución agnóstica y laica sin la me­nor referencia a lo que siempre fuimos , desde que formamos una nación y aun mucho antes. Y los pedantes tontilocos se rasgan las vestiduras ante tanta ter­quedad. Sin comprender que no son los españoles los tercos, sino la Historia. Y, aun más que la Historia, lo que podría­mos calificar de instinto biológico hispánico. Hay algo dentro de los hom­bres que no depende de la razón, ni de la educación, ni de las leyes: algo que va en la sangre. Pues en la sangre española va el catolicismo, lo queramos o no. Y esa fe ínsita y no siempre consciente, puede tomar, y de hecho ha tomado, formas aberrantes. Recordemos lo que decía Unamuno de los que incendiaban las iglesias o fusilaban las imágenes, que lo hacían porque se consideraban enemigos de Dios, que es una manera monstruosa a de creer en El. Lo verdade­ramente pavoroso no es que se quemen iglesias o se fusilen imágenes, sino que las multitudes se encojan de hombros y pasen de largo ante ellas.
Como los instrumentos de comunica­ción del «mundo libre», tanto de dere­chas como de izquierdas, están en las mismas manos y dicen las mismas co­sas, aunque con caras y palabras diferentes, nuestros pedantes tontilocos acaban por creerse su propia propagan­da y se encolerizan cuando la realidad no se pliega a sus designios. ¿Cómo? ¿A pesar de todas las leyes y permisiones amorales e inmorales, de la supresión de símbolos y ceremonias, de la escuela laica, el matrimonio civil, el divorcio, la pornografía, la homosexualidad, la toxi­comanía, y el aborto, muchos españoles aún sienten en su nacionalismo la pal­pitación de la religiosidad? ¿Nunca se­remos capaces de ser unos laicos de veras en los que la religión sea un simple suplemento que no estorbe a la ciuda­danía? Como decía Hamlet, hay en el cielo y la tierra más cosas de las que conoce nuestra filosofía, y una de ellas es, por lo que parece, nuestro nacional catolicismo. Que no es algo anacrónico, incomprensible, cerril, como pretenden sus caricaturistas, sino actual, lógico y de la más alta calidad. Ahora que los nacionalismos a palo seco comienzan a tener problemas en todas partes, y que parece necesario encontrar otras fórmu­las para la eterna simbiosis del ser hu­mano con su tierra y sus tradiciones, no se puede tomar a broma eso que llaman nacional catolicismo. Expresión mal in­tencionada, pero que encubre una pre­ciosa realidad. Si, por una vez al menos, llamamos a las cosas por su nombre, al nacional catolicismo lo que habría que llamarle es patriotismo católico. Que, aunque a los pedantes y tontilocos les parezca lo mismo, no lo es ni mucho menos.

Jesús SUEVOS
El Alcázar 26 de diciembre de 1986

Monday, July 23, 2018

Los "sin Dios" y los "sin patria"


Véase DIARIO DE SEVILLA 
Sobran las comillas en el párrafo en que se habla de Husserl y la Aufklärung.