Thursday, August 31, 2017

Tráfico de órganos

                                             

                                                          Serenidad
        Al inaugurarse el pantano de Bornos, entre las atracciones de que se le dotó hubo un vapor de ruedas como los del Misisipí y, para acentuar el color local, los promotores trataron de convencer a un pícaro de la zona, previamente embriagado, de que se disfrazara de pirata con pata de palo auténtica. “Total, para lo que te sirve a ti esa pata que tienes ahí… En cambio, fíjate lo de dinero que vas a ganar con una de palo en su lugar”. Ya estaba el hombre medio convencido, pero al ver el serrucho se le quitó la borrachera y se volvió atrás del trato. A mí Ibarreche y Zapatero me hacen pensar, no en dos señoritos gaditanos con ganas de guasa, sino en dos traficantes de órganos que le recomiendan serenidad y calma al paciente secuestrado al que le van a extirpar un riñón, explicándole que no se va a enterar siquiera y que además con un solo riñón puede seguir viviendo como antes. 

    Lleva mucho tiempo la clase política y periodística anestesiando a la nación para que no reaccione cuando le vayan a amputar esta o aquella región, es decir, para que “no se crispe” cuando sienta en su carne el bisturí separatista. Ojalá despierte pronto la paciente de su estado cataléptico y eche a puntapiés del quirófano a esos untuosos y amenazantes traficantes de órganos.   


N. B.   No le será difícil al que leyere actualizar este comentario sustituyendo "Ibarreche y Zapatero"  por otro par de nombres de los muchos que deben de zumbarle en los oídos.

Monday, August 28, 2017

La España trágica



Véase gran artículo de J.J,E en LA GACETA

Oigase además cómo se señala la participación en la manifestaciò de unas personas mexicanas.  Si la pancarta estuviera escrita "en mexicano" no diría "México está con vosotros", sino "México está con ustedes". ¡Cómo caló en los catalanes aquello de "la lengua del Imperio"!

Friday, August 18, 2017

El progreso indefinido

Envío de un lector de este cuaderno de bitácora:

Monday, August 14, 2017

Tarde de toros en El Puerto

Los versos que figuran debajo de la frase de Joselito el Gallo no fueron escritos en 1958, sino en 1951 y en la Escuela de Suboficiales (antigua Escuela Naval), de San Fernando,  donde cursaba el primer verano de la Milicia Naval Universitaria y cuando aún no había pisado las calles del Puerto ni visto su plaza. Fernando Quiñones, que trabajaba en La Voz del Sur, no perdió un segundo en publicármelos en sus páginas. Desde entonces mi relación con El Puerto es una larga historia de amor amenizada de corridas memorables. La última fue entretenida. Los toros de Núñez del Cuvillo no pasaron del primer puyazo y tardaron en morir, menos uno, que el jerezano de Olivenza Ginés Marín acertó a despenar con guapeza, lo que le valió la única oreja de la tarde. Por lo demás, los toros tenían todas las cualidades para que se lucieran los lidiadores, que sacaron de ellos todo el partido posible. En ningún momento faltó la elegancia de Morante ni el arrojo de Cayetano. Hubo música para los tres y a Marín le tocaron el pasodoble Manolete. También fueron brillantes los tercios de banderillas y en uno de ellos el capote del joven Marín evitó un percance.  Al regresar al Hotel Monasterio de San Miguel, donde paraban un par de cuadrillas por lo menos, coincidí en el ascensor con Alvarito Domecq rodeado de jóvenes familiares. Al volver de ducharme, esperaba el mismo ascensor un joven, casi un adolescente, que, tímido y educado, me hizo pasar delante. Le dije en el breve trayecto: Hoy se ha trabajado bien,¿eh? - Si, algo se ha hecho - ¿Y usted con qué cuadrilla iba? - Yo soy Ginés Marín.  Naturalmente me deshice en elogios de su labor.  Debo decir que estoy pendiente de operarme de cataratas y que a cierta distancia no distingo los rasgos y menos los de los toreros en el ruedo. Luego me enteré de que Ginés Marín había hecho el paseíllo con el capote de paseo que Manolete llevaba en Linares la última tarde de su vida y que desde entonces  conservaba su amigo Alvaro Domecq, cuyo hijo se lo prestó esta tarde del Puerto a Ginés Marín, a quien no sé si apodera pero a quien desde luego apoya y protege. Algo de eso creí oírle a alguien sentado detrás de mí en la plaza - el crítico taurino Ignacio Sánchez  Mejías -   mientras la banda interpretaba  Manolete.