Friday, July 30, 2010

Somos clandestinos

Chinchón. (Acuarela de Pedro Serna)


(Escribe don Luis Suárez Avila)

¿Se acuerdan, en tiempos de Franco, cómo los salidos y rijosos se iban de tapadillo a Perpiñán a ver “El último tango en París”? Pues lo mismito va a pasar en la Cataluña sojuzgada y sometida: que los catalanes, como el que hace algo malo, van a ir a los toros a Castellón, a Zaragoza, a Bilbao o a Pamplona, pongamos por caso. Hay catalanes que, para no señalarse, están tratando de vender fuera la colección de “El Ruedo” o “Los Toros” de Cossío, que les están quemando en las manos, como el que tenía literatura prohibida en los tiempos de la Inquisición.. Son unos proscritos. Viven en la misma clandestinidad que los que leían “Mundo Obrero” o escuchaban “Radio Pirenaica”. En las editoriales catalanas van a descatalogar, destruir y vender para pasta de papel la poesía de García Lorca, la de Alberti, la de Fernando Villalón, la de Miguel Hernández –por cierto que le sirvió de “negro” a Cossío para la ordenación de fichas y la redacción de muchos capítulos de “Los Toros”--, las obras de Ortega y Gasset, de Pérez de Ayala, de Lope de Vega, de Moratín, de Valle Inclán, y cualquier otro u otra que haya osado escribir sobre los toros. El Parlament ha aprobado su Ley de Desmemoria Taurina. No han existido, ni Peroy”, ni José Rovirosa, ni Eugenio Ventoldrá , toreros catalanes que florecieron en el siglo XIX; ni Bonafont, ni Mario Cabré, ni Paco Corpas, ni Joaquín Bernardó, ni José María Clavel, ni Luis Barceló Mitjavilla, ni siquiera “Finito de Córdoba”, natural, criado y ensolerado en Sabadell, todos catalanes del XX. No existió la Plaza Monumental de Barcelona, que, por su arquitectura neomudéjar, se destinará a gran mezquita. En Cataluña manda, que muerde con la boquita cerrada, el P.S.C., esto es, el P.S.O.E. en versión subtitulada. Lo mismo que en Cádiz mandaba hace no sé cuántos años. Pero Carlos Díaz lo supo hacer a la chita callando, con la excusa de la aluminosis y de que en la Plaza de Toros gaditana se habían fusilado a la mar de personas. Total que en Cádiz quedaron prohibidos los toros y, como en Cataluña, los gaditanos,se tienen que ir fuera, y no a Castellón, ni a Pamplona ni a Bilbao, ni a Zaragoza. Se van a El Puerto. El P.S.O.E. poco a poco, lo prohíbe todo. Tengo la sensación de que los españoles estamos condenados, si las urnas no lo remedian, a ser una mancha de borregos clandestinos.

Luis Suárez Ávila

Tuesday, July 20, 2010

El color del peligro



La antorcha de la civilización

La maravillosa exhibición de luz, color, fuego y sonido con que se inauguraban los Juegos Olímpicos de Pekín no tendría más remedio que seducir a todos los habitantes del planeta, incluso a los que contemplaran el espectáculo con anteojeras ideológicas. China se valía de la tecnología moderna para recordar al mundo los grandes inventos –la pólvora, el papel, la brújula - aportados por ella a la historia de la civilización, al mismo tiempo que afirmaba su presencia en la historia contemporánea con un alarde que sólo podía permitirse un país dueño de su destino y seguro de sus valores. La antorcha de la civilización, por decirlo con un símil olímpico, se encendió hace miles de años y no ha dejado de viajar en sentido contrario a la rotación de la tierra y su marcha la jalonan los imperios que en el mundo han sido, el último por ahora el muy democrático de Norteamérica, sucesor del Británico y del Soviético. Ninguno de los Imperios que han precedido al norteamericano logró nunca poner fin al viaje de la antorcha, por mucho que lo intentara. Al último intento le dio hace pocos años una formulación Francis Fukuyama, y el caso es que los medios de confusión de Occidente siguen obstinados en defender esa formulación.

El mismo día que China asombraba al mundo con un espectáculo de una insólita belleza, un noticiario televisivo daba cuenta de la escenificación en un teatro romano de la península ibérica de una obra de Shakespeare en la que, entre otras cosas, una serie de parejas de bailarines simulaban el coito y unos mafiosos de terno blanco se bajaban de un automóvil blanco para hacer una zafia parodia de la Última Cena; la víspera me decía un amigo catalán que en Barcelona está admitido socialmente el nudismo en la vía pública; en Sevilla, aprovechando que los vecinos del Prado de San Sebastián están de veraneo, el Ayuntamiento decreta la tala de medio parque para construir una biblioteca…En otros países de Occidente tampoco faltan síntomas escandalosos de Bajo Imperio, pero sus currinches a una arremeten contra China por no dar paso a esta democracia fukuyámica que, en nombre de las libertades fundamentales y los derechos humanos, promueve y exalta lo falso, lo feo y lo malo y da carta de naturaleza a todo lo que vaya contra la naturaleza y la condición humana.

Hace años estuve en China y llegué a la conclusión de que, en vez de hablar del “peligro amarillo”, como hacían nuestros abuelos, iba a haber que hablar ya del “peligro blanco”. Al ver el espectáculo de Pekín, no pude dejar de pensar que la Historia se mordía la cola y que, con la antorcha olímpica, llegaba a China la antorcha de la civilización y quién sabe si el cetro del imperio.

(Trabajo que, inasequible al desaliento, he presentado este año al Premio González-Ruano de periodismo)

La decadencia de Occidente


Véase El Faro de Vigo y, a continuación, no se pierdan LA ULTIMA CIMA.

Monday, July 19, 2010

Poesía, música

Los poetas en general tenemos altibajos, pero hay algunos que, con una regularidad admirable, van a más de libro en libro. Uno de ellos es Juan Lamillar, nacido en Sevilla en 1957. No sé si tiene formación musical, pero su afición me consta, y sin esa afición no es explicable el excelente oído con se ajusta a la más rigurosa preceptiva literaria. Voy a dar un par de muestras muy diversas del importante libro que hace el número 10 de los ya publicados por él, y a ellas me remito en confirmación de lo antedicho.









(Joaquín Romero Murube)
















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Sunday, July 18, 2010

La Historia de España contada con claridad


Véase Libertad Digital

****Por cierto, hoy es 18 de Cursivajulio, aniversario del levantamiento legítimo contra un gobierno-régimen ilegítimo, según creo haber demostrado. De aquel levantamiento procede la época de paz más prolongada que haya vivido España desde tiempos lejanos, también de mayor prosperidad, de abandono de viejos odios y, en fin, la democracia... hoy muy atacada precisamente por quienes se obstinan en condenar aquel alzamiento o en "mirar al futuro" para no ver lo que pasa en el presente. ( Del blog de Pío Moa)

Friday, July 16, 2010

La rendición de Breda


(Escribe Luis Suárez Ávila en el Diario de Cádiz de mañana sábado 17)

Sinceramente no me da la gana de hablar hoy sobre el estado de la Nación. Ni me seduce. Prefiero quedarme, aunque rezagado, en los días de júbilo y patriotismo pasados con la Selección Nacional de Fútbol. Circula por la red de redes, una versión ingeniosísima de “La rendición de Breda” de Velázquez. Por encargo de Felipe IV para el Salón de los Reinos del Palacio del Retiro, Velázquez plasmó en el lienzo la asombrosa victoria de las tropas españolas, mandadas por Ambrosio de Spínola, frente a las holandesas que ocuparon Breda al mando de Justino de Nassau. Tras un sitio ejemplar, modelo y lección de unión, disciplina, esfuerzo, táctica y estrategia militar, al que acudieron muchos generales extranjeros como “observadores” para admirar las cualidades de las tropas de Spínola, la ciudad fue ganada el 5 de junio de 1625. Nassau capituló y entregó las llaves de la ciudad a Ambrosio de Spínola, que esperó a su oponente a las puertas de Breda y lo trató con cortesía y caballerosidad. Ese el momento que Velázquez escogió para su cuadro famoso.
Por la red de redes, lo dije, circula una ingeniosa versión de este cuadro en que, en fotoshop, han cambiado el rostro de Nassau por el del Bert Van Marwijk, el seleccionador holandés, y, a Ambrosio de Spínola, lo han convertido en Vicente del Bosque. El resto, los que están a la derecha, tiene las caras de los jugadores de la Selección Nacional Española; los de la izquierda, la de los futbolistas holandeses. Pero a mí lo que me llama la atención es que, en una y otra ocasión, las dos históricas, se han exaltado los mismos valores españoles: la unión, la disciplina, el esfuerzo, la táctica, la estrategia y la generosidad. Así fue. Y con la misma caballerosidad de Spínola, hacia el vencido Nassau, Vicente del Bosque ha dicho estas palabras: “Es un momento inolvidable. Felicitamos a nuestro rival, que nos ha hecho muy difícil el partido. La final ha prestigiado el fútbol ofensivo. Es un éxito de todos, es justo el premio recibido hoy”.Un señor, sí señor. Mientras tanto, la Nación sigue estando (bastante mal, por cierto), aunque no hay mal que cien años dure, ni cuerpo que lo resista.

Tuesday, July 13, 2010

La “poesía incompleta” de Enrique Badosa


La “poesía incompleta” de Enrique Badosa

Entre aquellos amigos con los que siempre estaré en deuda está Enrique Badosa. Ahora, a las muchas deferencias que siempre tuvo conmigo, se une el envío de su poesía completa hasta la fecha que con el título de Trivium le publica la joven editorial madrileña El Funambulista. La “deslocalización” de la industria editorial catalana, me refiero a los editores que editan más por amor al arte que al comercio, permite entre otras cosas que pueda ver la luz la poesía de catalanes de expresión castellana, como es el caso de Badosa.

Yo conocí a Enrique Badosa en 1959 o 1960 por medio de Rafael Santos Torroella, y simpatizamos de inmediato. Pocos años después, en 1964 o 1965, viviendo yo en Ginebra, me escribió Eduardo Tijeras para decirme que Enrique Badosa dirigía una colección de narrativa en Plaza & Janés, donde no tardaría en aparecer Los consulados del Más Allá. Años más tarde, en 1970, me acogió con idéntico entusiasmo La linterna mágica. Poco después hizo un viaje a Roma, donde ya vivía yo, y estando él en mi domicilio trasteverino, sonó el teléfono y una amiga cubana, la actriz Myriam Acevedo, me daba la noticia de que el editor milanés Rusconi aceptaba la novela para la publicación de su versión italiana. Enrique Badosa había ya traducido a Horacio y con la separata de Papeles de Son Armadans en el bolsillo, viajamos a la villa del poeta cerca de Tívoli donde, sentado en unos mármoles rotos, nos leyó algunas de las Odas. Al salir la novela, quien más se afanó por ella fue el hispanista Giovanni Allegra, que resultó amigo de Enrique en Barcelona, donde estuvo de lector y aprendió a amar a España.

Son 1116 las páginas de este voluminoso poemario, a las que hay que añadir el minucioso postfacio de Joaquín Marco, quien señala que hay en el libro mucho más de lo que indican las tres puntas del tridente escolástico: lo lírico, lo viajero y lo satírico. Se trata de versos que los contemporáneos del poeta hemos ido leyendo por entregas y que no sabemos cómo abrumarán al que le caigan por primera vez de golpe. Aunque en sus viajes retroceda hasta el Méjico prehispánico, Badosa es ante todo un poeta mediterráneo, “bárbaro de Occidente” que, con la nostalgia de Oriente, va en sus versos remontando su historia y su leyenda y culmina en Grecia, donde se produce la anagnórisis, el reconocimiento mutuo, la misión layetana del almogávar que llega en son de paz y es acogido por los griegos como uno de sus aedas.

En el aniversario de un crimen de Estado



12. Sáinz Rodríguez, Celia y Simone Weil

El diario ABC conmemoró el quincuagésimo aniversario del asesinato de Calvo Sotelo con una tercera de don Pedro Sáinz Rodríguez en la que éste confesó ser el autor del comunicado leído por el conde de Vallellano ante la Diputación Permanente de las Cortes, significando que su grupo político no podía seguir sancionando con su presencia la legitimidad de un régimen que, con aquel crimen de Estado, se había puesto al margen de la ley. Esa fechoría fue la gota que colmó el vaso y, como es archisabido, fue lo que decidió al entonces comandante general de Las Palmas a unirse a una rebelión ante cuyos laboriosos preparativos venía mostrando grandes reticencias.

Pasado medio año de la efeméride, moría don Pedro el conspirador, y casi al mismo tiempo se publicaba Celia en la revolución, de Elena Fortún, cuyo manuscrito poseía una nuera de la autora, que vivía en Estados Unidos. La referencia que dio ABC, más propia del ABC incautado por los asesinos de Calvo Sotelo que del ABC propiamente dicho, me impulsó a escribir un artículo en el que unía el recuerdo de Sáinz Rodríguez y el de mis lecturas infantiles de los cuentos de Celia. Puede que la memoria me jugara una mala pasada al recordar a Celia haciendo de las suyas en el Auxilio Social de la Sección Femenina, pero lo cierto es que aquellos cuentos yo los había leído en aquella prensa infantil con la que Fray Justo Pérez de Urbel practicaba, en mi caso con éxito, la formación del espíritu nacional. Mi artículo lo titulaba Cuchifritín y Sáinz Rodríguez porque el cuento que recordaba y que recuerdo era un relato en el que Cuchifritín merendaba en casa de unas niñas inglesas y, para divertirlas, entre él y Celia improvisaron una corrida de toros; no sé qué otras monerías haría Cuchifritín que las inglesitas se reían de él diciendo Silly boy! Cuchifritín quiso saber qué significaban esas palabras y Celia le dijo: “Te han llamado silly boy que quiere decir “niño tonto””. Cuchifritín al despedirse les dijo a las inglesitas: “¡Y qué “silly boyas” sois vosotras!”

No sé si la Censura actual pondría a este texto las tachas de xenófobo y machista; lo que sí sé es que cuando quise leer Celia y la revolución para confirmar mis aprensiones o rectificar mis prejuicios, la obra, última de la serie en la bonita edición en cartonné hecha por Aguilar, resultó absolutamente inencontrable.

En tiempos de la otra Censura, editó Pérez de Ayala sus Obras completas con la conspicua ausencia de A.M.D.G. Hoy, que oficialmente no hay Censura, pierde su tiempo quien busque el último número de los libros de Celia. Yo, lo más que he conseguido, es que me digan en la editorial que no piensan reeditarlo. Ya me daba por vencido cuando un par de personas, que la adquirieron y leyeron en su día, pusieron sus ejemplares a mi disposición, de suerte que por fin he podido satisfacer mi malsana curiosidad y explicarme cómo es que ha desaparecido de la circulación.

He dicho más de una vez que uno de los testimonios más puros de la guerra civil española es el Homenaje a Cataluña de Jorge Orwell. Es la guerra vista por un ingenuo - ingenuo significa etimológicamente “hombre nacido libre” - que además se jugó la vida en ella, pero que vivió para contarla y abrir los ojos y darse cuenta de qué clase de pájaros eran sus compañeros de viaje. Celia en la revolución es esa misma guerra contada por una niña, o mejor dicho por una adolescente que hsta el 18 de julio vivía en el mejor de los mundos. La trama es muy sencilla. Celia está con sus dos hermanitas veraneando en Segovia, en casa de su abuelo. A Cuchifritín lo han mandado a Inglaterra, es de suponer con una familia amiga para que aproveche las vacaciones aprendiendo inglés. Al producirse la sublevación de “la guarnición de África”, el abuelo, viejo republicano, monta en cólera y entrega “al pueblo” las armas de su panoplia. Triunfa en Segovia “la revolución”, que es como Celia y los suyos, republicanos burgueses, llaman al Alzamiento, y al pobre abuelo lo fusilan. Una criada fiel, Valeriana, coge a Celia y a las niñitas y, a lomos de un borriquillo, sale por la noche de Segovia y sin más dificulatades llegan a El Escorial, donde se suben a un camión que las deja en Madrid, donde esperan reunirse con el padre, la tía Julia y el primo Gerardo. El padre ha cogido un fusil y se ha ido a la Sierra a defender a la República. Su hermana, la tía Julia, se los lleva a todos a un hotelito que tienen en Chamartín, donde estarán más seguros que en el centro. Ya a Celia le choca que la tuteen y no le digan “señorita”, pero aprecia en la gente una “digna seriedad” ante los acontecimientos. El padre ingresa en el Hospital Militar con un balazo en un pulmón y van a verlo y él les habla con entusiasmo del próximo triunfo de la República; en una visita tiene Celia ocasión de presenciar el asalto del Hospital por “el pueblo” y el asesinato del general López Ochoa, cuya cabeza pasea luego en triunfo una mujerzuela. Al primo Gerardo, que es por lo visto de Falange, se lo llevan de la casa y, cuando la tía Julia lo descubre en el depósito de cadáveres, se pone fuera de sí y también acaba desapareciendo. Celia recoge a una amiga y a sus viejas tías que vivían en Argüelles y les han bombardeado la casa. Entran y salen otros refugiados, más o menos sórdidos o pintorescos, y Celia se lleva a sus hermanitas a una guardería que llevan Laura de los Ríos e Isabelita García Lorca, a cuyo hermano han fusilado en Granada -porque “en el otro lado también fusilan” -, y las ayuda con los niños. Cuando la guardería se convierte en cuartel, Celia manda a las niñas a Valencia con la fiel Valeriana. Al cabo de cierto tiempo, la carestía y los bombardeos impulsan a Celia a reunirse con sus hermanitas, mientras el padre, restablecido, vuelve al frente. No las encuentra ni en Valencia ni en Barcelona, donde también sufrebombardeos y penurias, pero averigua que han logrado pasar a Francia. En Valencia se encuentra, vestido de miliciano, a un chico a quien había conocido el verano anterior en Santander, y este chico la ayuda en todo lo que puede y le dice que por qué no se apunta al Partido Comunista; Celia lee la cartilla y no le gusta y dice que aquello no es para ella. Hay entre ellos una buena amistad rayana en amor inconfeso y él, al despedirse, le besa una mano. Celia vuelve a Madrid y allí se entera de que Jorge ha caído en el Ebro. La situación con el hambre y bajo las bombas es espantosa y la guerra está perdida. Celia vuelve a Valencia y se da cuenta de que casi todas las personas que la han ayudado y acompañado de un modo u otro esperan a Franco como agua de mayo. Un antiguo jardinero de la casa de Chamartín, capitán del Ejército rojo, le consigue pasaje en un barco francés y, por la conversación de su asistente que la lleva en auto al Grao, comprende que también ellos se han pasado al enemigo. El padre de Celia está ya fuera de España. Celia se ve completamente sola, pero exclama: “¡No estoy sola! ¡Estoy en las manos de Dios!”

Que Elena Fortún no se molestara en poner en limpio el borrador de este relato, concluido el 13 de julio de 1943 (siete años, día por día, del asesinato de Calvo Sotelo), no tiene nada de particular. No estaba entonces ciertamente en España el horno para bollos. Que ahora haya dificultad en encontrar la obra es lo que no deja de ser extraño por lo menos. Cuando yo publiqué El mono azul, le dije a quien me quisiera oir que mi libro era parcial, pero no tendencioso. Eso es exactamente lo que le pasa a Celia en la revolución. La Fortún era tan partidaria de la España republicana como yo de la España nacional; lo que pasa es que cuenta lo que vio y vivió, no sólo los bombardeos de la aviación, sino la manera que “el buen pueblo” tenía de reaccionar a esos bombardeos o simplemente a derrotas como la de Talavera: unas escenas y unos episodios espeluznantes que concordaban punto por punto con otros testimonios más tendenciosos como pudieron ser los de Foxá o Fernández Flórez.

Otro testimonio en ese sentido lo debemos a otra mujer, Simone Weil, que fue a España creyendo que aquella guerra era una guerra de “pobres” contra “ricos” para encontrarse con una realidad que le puso los pelos de punta. Y esa realidad era la de los métodos con que los anarquistas imponían sus utopías a campesinos aragoneses e industriales catalanes, y las expediciones punitivas con que los heroicos milicianos se desquitaban de sus continuos descalabros, como el del fallido desembarco en Mallorca. Su carta a Bernanos, después de leer el libro que Bernanos dedicó a la represión nacional en esa isla, deberían habérsela leído los descerebrados que, “para cerrar heridas”, quisieron premiar con la nacionalidad española a los supervivientes de las tristemente célebres Brigadas Internacionales.

Sunday, July 11, 2010

La Roja y la Furia

Véase Diario de Cádiz



(Belauste, héroe de Flandes)

La furia española aplicada al fútbol data de la Olimpiada de Amberes y es un término exhumado por los cronistas deportivos de la época que nunca se repusieron de los estragos que hizo en Flandes la furia de los temibles tercios españoles. A ver si hoy sale a relucir frente a los orangistas.

Thursday, July 08, 2010

Wednesday, July 07, 2010

Spanien über alles

Gassol, Nadal, Puyol, tres catalanes de "l'Espanya gran" , que hoy sería "petita" de no ser por Cataluña. Así que ¡Visca Catalunya ... i Espanya damunt! (Intérpretes abstenerse). O dicho sea en la lengua del vencido: Spanien über alles!

Tuesday, July 06, 2010

Trampantojos

(Véase la página 52 de La Gaceta del domingo 4 de julio, dedicada a Robert Capa y Gerda Taro)

Cuando, a pesar del fracaso del mal llamado "golpe de Tejero", llegaron por fin los socialistas al poder sin tener que compartirlo en un "gabinete de coalición", los lamelibranquios de turno le preguntaron a su jefe que por qué no convertía El Socialista en diario nacional, a lo que él, con muy buen criterio, contestó que no veía la necesidad, ya que había hombres suyos en todos los diarios nacionales. Esta situación iría a más, según se adueñaba de la sociedad civil lo que yo llamo "el espíritu inmundo del 68" con sus cuatro jinetes apocalípticos, a saber, según el socialdemócrata Alejandro Llano, el feminismo, el ecologismo, el pacifismo y el nacionalismo, de suerte que hoy no hay tertulia, por muy anticonformista que sea, que se prive, no ya de un socialista de muestra, sino de algún que otro izquierdista genérico o de algún que otro equilibrista de la derecha vergonzante. Vaya por delante que a mí me parece bien, pues tanto más aprende el telespectador cuanto más variopinto es el muestrario de los bustos parlantes, que no se limita ni mucho menos a los antedichos. Bien es verdad que a veces el precio es la perplejidad, como cuando para defenderse de la feroz ofensiva de algún poderoso grupo de presión, alguno que otro pone por delante el agrado con que contempla sus exhibiciones orgiásticas o el mal trato que sus portatirsos recibían “bajo el franquismo” a tenor de la Ley de Vagos y Maleantes, promulgada por cierto bajo la II República. Conviene aclarar que “bajo el franquismo”, como bajo la República o bajo cualquier ordenamiento civilizado anterior al 68, la condición de “peligrosidad social” no la tenía una persona por sus rasgos cromosómicos, sino por sus constantes de comportamiento, y esa diferencia sigue existiendo entre los que, aun compartiendo las mismas tendencias, rechazan esas saturnales y los que se suman a ellas.
Puede decirse que toda la prensa que existe es de opinión, y la misión de un órgano de opinión no es informar, sino adoctrinar. Donde digo prensa, digo medios de difusión en general, que por algo Julián Marías los llamaba “medios de confusión”. Uno de ellos es la fotografía. Tal vez la fotografía más difundida de nuestra guerra civil sea la del miliciano empuñando un fusil en el momento de recibir un balazo. Esa imagen es, para entendernos, el Guernica de la fotografía, y tiene con la realidad la misma relación. Su autor fue el célebre Robert Capa, que no se limitó a los fotomontajes en su vida profesional y murió en acto de servicio en Indochina. También en acto de servicio, aplastada por un carro de combate del propio bando, murió su amante y alumna, cuya foto de miliciana de mono y medio tacón apuntando con pistola como de juguete hace pensar en la foto, mucho más conseguida, del miliciano del fusil.

No sé de cuál de los dos es la subtitulada erróneamente Infantes de Marina a bordo del acorazado Jaime I. El error consiste en llamar infantes de Marina a la marinería, que es lo que aparece en la foto celebrando la única hazaña bélica del Jaime, que fue la de arrojar al mar a la oficialidad, en heroica emulación del Acorazado Potemkin.

A los que hemos servido en la Marina, en mi caso en Infantería de Marina precisamente, nos intrigó siempre el léxico naval, en el que las lenguas se entremezclan e influyen de manera curiosa. Por ejemplo, “grumete” se dice en francés “mousse” y en italiano “mozzo”, palabras que vienen del español “mozo”, siendo así que “grumete” viene a mi juicio de la inglesa “groom”, que significa lo mismo, aunque en inglés “grumete” se diga “cabin boy”. La dotación o marinería del buque en italiano se dice “ciurma” y se pronuncia churma, y viene de ella la española “chusma” que, en la primera acepción que le da el Diccionario de Autoridades de la RAE es: “Los galeotes, forzados y buenasvoyas, que reman en las galeras.” Ese debería ser el pie de la foto del Jaime.