Wednesday, June 06, 2012

Lo mejor de San Isidro


 Carta abierta a los Amigos del Circulo Bienvenida, a todos los aficionados a los toros y a ser españoles.
 En el Diccionario del español actual de Manuel Seco, Olimpia Andrés y Gabino Ramos se dice que Infante o Infanta es un hijo del rey al cual no corresponde ser heredero de la corona. También, entre otras cosas, se llama infante al soldado de infantería y, en algunas catedrales, a los niños que forman parte del coro de voces blancas. En otros diccionarios, incluido el muy reputado de Maria Moliner, se asegura que primariamente se aplica a niños muy pequeños que no son capaces de hablar. Tambien se dice que son infantes o infantas los hijos o hijas del rey de España sean o no pequeños, salvo el primogénito que recibe el nombre de Príncipe de Asturias. En conclusion: Lo primero que caracterizaría a una Infanta de España es que no puede hablar. ¿Por qué? Dejemos la respuesta y los diccionarios a un lado, al menos por el momento. Pero una Infanta, nuestra Infanta Doña Elena, puede escuchar los brindis de los toreros españoles e hispanoamericanos que le dedican la lidia y muerte de un toro. Los diestros consideran un honor para ellos y para la Fiesta que una Infanta de España esté presente en el coso. No dicen, por cortesia y por discrecion, que también para la Infanta es un honor presidir o estar en la plaza enalteciendo una de nuestras más antiguas y preciadas tradiciones. Para algunos aficionados a ver corridas, y a ser españoles, esto ha sido lo mejor de la Feria de San Isidro en el año 2012. Es muy cierto que han destacado admirables peones de brega, banderilleros de toros de verdad, picadores de brazo tan templado como fuerte y hasta algún que otro matador o rejoneador, pocos en verdad, capaces de salir en hombros de la multitud. En la tarde del 6 de junio, en la llamada todavía Corrida de Beneficiencia, Doña Elena de Borbón ha presidido la Fiesta, en nombre de Su Majestad el Rey de España en el Palco Real, a menudo demasiado vacio a lo largo de la temporada. Al llegar la Infanta a su Palco Real ha sonado el Himno Nacional de España seguido de una cerrada ovación, sincera y espontánea, de todo el público. La plaza no estaba tan engalanada como en otros años, pero relucian los colores de nuestra bandera nacional en todos los tendidos. Ha sido inevitable comparar esta y otras tardes en la plaza de toros madrileña en las que hemos visto a nuestra muy respetada y muy querida Infanta de España, con el reciente suceso, tan bochornoso, de las pitadas e insultos a la Corona y a la Bandera de España en el comienzo de alguna de esas magnas asambleas para las masas llamadas, con más o menos razón, espectáculos deportivos. Rogaremos, con el mayor respeto y afecto a Doña Elena, Infanta de España, que se digne recibir el homenaje de los aficionados, aunque haya terminado la corrida y los toreros que hoy le brindaron sus toros estén ya en camino de nuevas actuaciones en otras plazas. Demos las gracias a tan egregia y españolísima señora por haber venido alguna vez acompañada por sus hijos, para bien de ellos y de España. Ya no vive ninguno de los matadores de toros de la Dinastía Bienvenida, pero estamos seguros de que todos ellos suscribirían nuestras palabras y participarían del mismo homenaje. No dudamos de que todos y cada uno de ellos, desde sus espacios celestiales, brindan hoy mismo nubes con forma de toro a una Infanta de España, muy admirada y muy querida, con la ilusión de que les permita enseñar respetuosamente a sus hijos, todavía de corta edad, a coger un capote, por lo que en España pueda pasar.
 Fernando Claramunt López. Presidente del Circulo de Amigos de la Dinastía Bienvenida.

1 comment:

Ramón Muñoz said...

Enhorabuena a los aficionados al toro por actuar con una cortesía propia de Españoles, que no otra cosa han hecho al ovacionar a la Infanta Doña Elena en Las Ventas, igual que se ovaciona y se oye el himno nacional en silencio cada vez que un miembro de la familia real acude cada año al Club de Campo, en Madrid, con motivo de la celebración del trofeo hípico Copa de Su Majestad el Rey como cierre del Concurso de Saltos Internacional, uno de los más prestigiosos del mundo desde hace más de cien años.