Monday, June 06, 2016

Memoria y ficción

PROVINCIALES-PORTADA-1280La interesante editorial Confluencias acaba de publicarImpresiones provinciales, que continua los volumenes de los cuadernos de notas del escritor José Jiménez Lozano.
Se trata de un título muy recomendable.
Además, en su página 73, contiene un comentario sobreMemoria y ficción en las letras españolas de trasguerra, de Aquilino Duque, publicado por CEU Ediciones.
Dice así Jiménez Lozano:
Leyendo el excelente libro de Aquilino Duque, Memoria y ficción en las letras españolas de trasguerra, me digo que he sido totalmente ajeno a ese mundo que ahí se pinta, leí bastantes literaturas de las que ahí se habla, pero no otras -ni antes ni ahora- por famosas que fueran y sigan siendo. Y esto por una razón muy sencilla: he sido totalmente libre en mis lecturas y por esos años leía sobre todo y casi exclusivamente literatura extranjera, con excepción de los escritores del 98, a los escritores amigos y a algunos otros, sin mirar otra cosa que el placer de leerlos. Y entre estos libros y autores estaban los que Aquilino Duque muestra que estuvieron solapados por los listos que se encargan de estas cosas. Así que puedo decir que es, al leer este libro, cuando me entero de lo que fue la vida intelectual, social y política de la literatura de ese tiempo; nunca podría ser yo un testigo de todo esto. Y todo es como si hubiera estado en una isla tranquila, y con pocas comunicaciones, como ahora mismo.
Para mí, desde luego, este libro de Aquilino Duque, además de contar un buen número de historias y pintar magníficamente toda una serie de figuras a unas pocas de las cuales he conocido y tratado personalmente, es un gran acervo de hechos y valoraciones de la literatura española desde los años cuarenta a los setenta, que me resulta fascinante porque es la historia de un tiempo literario desconocido para mí, y que es, sin embargo, un tiempo en el que he vivido y en el que leí algunas de las novelas de las que habla; pocas realmente. Era fiel a los escritores llamados del 98 y del XIX, y a los rusos, los nórdicos y la poesía inglesa. Cuando oía hablar de las novedades y libros que se publicaban con tanto ruido y arrasaban, nunca me apresuré a leerlos y siempre me pareció que podría hacerlo más adelante, aunque no siempre sucedió, sino pocas veces. O también pude leerlo como consecuencia de nuestras conversaciones. Todo esto explica que nuestro intercambio de libros entre amigos era apasionante, porque cada uno leía algo distinto a los demás.

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