Friday, June 03, 2016

Entrevista y reseña

  • Rango del artículo 
  • 3 jun. 2016
  • ABC (Sevilla)
  • JESÚS MORILLO SEVILLA

Aquilino Duque se reencuentra con sus «primeros pasos literarios»

El escritor sevillano presenta un epistolario y su primera novela inédita

Primera novela inédita «Eran mis primeros pasos. La virtud que tiene es que la gente la lee con mucha facilidad»
Aquilino Duque (Sevilla, 1931) es uno de los autores más singulares de la literatura española. Conocido, sobre todo, por su novela «El mono azul», Premio Nacional de Literatura en 1974, este autor sevillano presenta, sin embargo, una obra poliédrica donde confluyen la poesía, el ensayo y las memorias. Narrador brillante y dotado de un fino humorismo, este escritor se ha reencontrado esta semana con «sus primermos pasos literarios», con la presentación de dos obras, muy diferentes, que remiten a su juventud.
PEPE ORTEGAAquilino Duque y Alfredo Valenzuela, ayer en la presentación
La primera de ellas, « Cartas a un poeta joven. Epistolario para Aquilino Duque (1952-2005)», la presentó el pasado martes en la Real Academia Sevillana de Buenas Letras, a la que pertenece, en un acto que contó con la presentación del también poeta Juan Lamillar, «un poeta magnífico», en palabras del propio Aquilino Duque. El volumen está publicado por la editorial de la Universidad de Sevilla.
Estas «Cartas a un poeta joven», explica el autor sevillano, «es una selección de cartas que fue idea de mi hijo Adriano, que es profesor en Estados Unidos», recibidas en los inicios literarios del autor de «La linterna mágica» y que giran en torno a la literatura. Las cartas se remontan a la época de la revista Algibe, en los años cincuenta.
Aquilino Duque con las cartas siguió el ejemplo de Joaquín Romero Murube quien afirmaba que «tenía libros trufados», porque «cuando recibía una carta la archivaba en el libro de la persona que le había escrito y yo he hecho una cosa parecida. Así me he encontrado con cosas insólitas, como una tarjeta que hallé en el libro de Derecho Mercantil de Joaquín Garrigues de 1959. Es un documento que indica que los primeros versos míos que vi impresos en mi vida fueron en un periódico de Brasil».
Las cartas abarcan un arco temporal entre 1952 y 2005, y se refieren «a personas que si bien no son de mis comienzos, los conocí personalmente o con admiración a esa edad». Entre los escritores presentes en el espistolario están María Zambrano y Rafael Alberti, «con quien conviví en Roma unos años importantes y nos carteamos desde 1953». Estas cartas, afirma el escritor, «permiten entender muchísimas cosas» tanto de su biografía vital como literaria, aunque «no están mis respuestas». El gran ausente del epistolario, se lamenta Aquilino Duque, es Octavio Paz, «pero la viuda no me ha dado permiso porque ella quería publicar todas las cartas que había recibido» el premio Nobel mexicano. «Se ha tenido que quedar fuera Octavio Paz, una amistad fundamental y una persona con l a que me compenetré mucho. En lo sustancial nos hemos entendido y hemos tenido una sintonía extraordinaria», añade.
«Palos de ciego»
El segundo de los volúmenes que presentó el escritor esta semana era su primera novela, titulada «Palos de ciego», que nunca llego a publicar y que ha rescatado, tras una revisión del autor, la editorial Renacimiento. Lo presentó ayer el autor, junto al periodista Alfredo Valenzuela, en La Revuelta. «Tengo mucha amistad con él desde que se levantó el escándalo de las “Crónicas extravagantes”», recuerda en referencia a aquel libro de viajes que publicó en 1996 y que levantó una gran polvareda por sus opiniones sobre el régimen de Franco y que llegó, incluso, a ser retirado de las librerías.
«Hizo una crónica muy buena de libro y me entendió perfectamente » , afirma Aquilino Duque. Valenzuela, además, «es uno de los culpables de que este libro lo haya publicado Abelardo Linares». «Palos de ciego» cuenta las «aventuras y desventuras» de este escritura durante su primera visita a Estados Unidos, «donde pasé un año infernal, aunque también pasé ratos buenos y ahí va todo, como en botica». Hasta allí acudió a hacer un master, tras haber pasado por la Universidad de Cambridge, y reconoce que el «choque cultural fue grande».
La novela la escribió en 1956 «durante una travesía en barco desde Galveston a Barcelona y la intenté publicar y nadie la aceptó. Eran mis primeros pasos, una especie de confesión. La virtud que tiene es que la gente la lee con mucha facilidad».

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