Wednesday, March 06, 2013

Fumata bianca


Diario de Cádiz, martes, 26 de abril de 2005, 20:20






                                                            francisco bejarano





                                                       Benedicto XVI




CON el envalentonamiento del Islam y la usurpación por los partidos políticos de la izquierda residual europea, permisiva y tolerante, del espacio propio de las religiones, se ha alzado el buen sentido de la eternidad de la Iglesia y se ha tenido en cuenta la recomendación ignaciana: "En tiempo de tribulación, no haya mudanza". Se han decepcionado los hombres de poca fe: curas abarraganados, mujeres por el sacerdocio, movimientos de liberación sexual, iconoclastia feísta, moral laxa, solidaridad de oenegé politizada y ética superficial, y todo aquello que ni siquiera necesita de un esfuerzo para convertirse en virtud. Claman por una Iglesia plural, como si no lo hubiera sido siempre, desde su fundación, expresión eufemística que quiere decir Iglesia divisible. Propugnan la defensa de la parte de esa pluralidad que le conviene a cada uno y no en lo que de común hay en lo doctrinal para mantener la unidad de lo cristiano universal.



A los que quisieran ver a la Iglesia desmembrada en pequeñas sectas manipuladoras e irreconciliables no les ha gustado el nuevo Papa. La elección de Benedicto XVI es un revés para la descomposición de la Iglesia, una contrariedad para los pescadores en río revuelto. En ese sentido la izquierda capitalista y neoconservadora es mucho peor que la extrema derecha tradicional. Cuando a Franco, que había recomendado a los cardenales españoles que le quisieron hacer caso que no votaran al cardenal Montini, le dijeron: "Excelencia: Montini, Papa", contestó: "Ya no es Montini: es el Papa". A la izquierda aferrada al pasado y envidiosa del poder bimelinario de la Iglesia, le cuesta trabajo aceptar resultados que no avalen los disparates políticos sostenidos en contra de la propia naturaleza, como la igualdad de los sexos y los matrimonios homosexuales, o aquellas cuestiones objetivamente anecdóticas pero que crean graves problemas morales en las personas, como pueda ser la eutanasia o el aborto. Repito: no haya mudanza.



Muchos jóvenes no habían visto nunca la belleza y la solemnidad de la liturgia a la muerte de un Papa y la elección de otro. Creían que la Iglesia era débil, como el bajo clero acomplejado, y fea como las sacristías de las parroquias. La muerte de un Papa tan notable como Juan Pablo II y la elección de Benedicto XVI habrá llamado la atención de muchos jóvenes y ha puesto incómodos a los altos cargos políticos de la retroprogresía anquilosada en el tardofranquismo. Y debe haber sido una advertencia para el Islam chulesco y sangriento, para los nacionalismos delincuentes. Occidente no es débil y con Benedicto XVI lo será menos.



Los católicos por bautismo, por educación, por tradición, por civilización, por voluntad y por destino, aunque no lo sean por fe, percibieron al aparecer el nuevo Papa que más de dos mil años de pensamiento y de cultura salían al balcón, más de dos milenios de arte y de fe, de modelo de vida y de altura espiritual.

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