Friday, April 30, 2010

La leyenda lila



Desde que las Cortes de Cádiz proclamaron que los españoles de ambos hemisferios eran o iban a ser, gracias a ellas, justos y benéficos, el siglo XIX fue en la Península y Ultramar una lucha incesante por la justicia y la beneficencia. Esa lucha tuvo muchos altibajos y quien mejor los relata es Galdós, el liberal Galdós en sus Episodios nacionales. Sus objetivos se alcanzaron en la Península dos veces, con las dos Repúblicas de felice recordación, según unos, y con las dos Restauraciones de recordación no menos feliz, según otros. Esta última cae fuera ya del ámbito galdosiano, como caen las dos brutales interrupciones de la normalidad constitucional monárquica y republicana en el siglo XX.
Llamar normalidad constitucional a lo que había en España en septiembre de 1923 y en julio de 1936 no es humor negro: es humor lila, y ese humor ha venido a sustituir al tradicional humor británico en el discipulado de don Raimundo Carr, ese eximio hispanista vergonzante, que declara con orgullo que una de sus fuentes históricas más fidedignas es la novelística, pero no una novelística cualquiera, sino nada menos que la de Umbral y Delibes. Parece ser que estos novelistas han tenido la prudencia de desmarcarse de tan entusiasta lector. Yo, que no soy historiador, sino un mero curioso impertinente, pongo en segundo lugar de mis fuentes, después de la memoria, a Galdós y a Baroja, seguro como estoy de que no se me van a desmarcar.

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Thursday, April 29, 2010

De rerum natura


(El Alcázar)

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Wednesday, April 28, 2010

Franco Franco Franco


Escribe Enrique García-Máiquez: Véase Diario de Sevilla

(Grito de concierto de rock más al día: ¡Bono, Bono, Bono! Así, todos contentos)

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Tuesday, April 27, 2010

Historiografía revanchista


Historiografía revanchista

Los sectarios de eso que los comunistas con piel de oveja llamaban melosamente “reconciliación nacional” no cejan en su empeño de reabrir las heridas del pasado. Ya sabemos que dos que riñen cuentan cada uno la riña a su manera, pero que yo sepa a eso nunca se le ha llamado “reconciliación”, sino “revanchismo”, que es lo desde hace medio siglo se llama en Europa a la historiografía de los vencidos en la Segunda Guerra Mundial. La Segunda Guerra Mundial estuvo compuesta de guerras civiles, prácticamente una en cada país beligerante de Europa al menos. Decía Chateaubriand que las guerras civiles son menos injustas, menos repelentes y más naturales que las guerras extranjeras, y no ha faltado luego quien diga, en Francia por lo menos, que la guerra civil tiene sentido, porque uno conoce a los que mata. De eso saben mucho en Francia, donde, por limitarnos a la guerra susodicha, la llamada Resistencia y el general de Gaulle se llevaron por delante tanta gente o más que rojos y nacionales juntos en la guerra española y estos últimos en la trasguerra.

Esas últimas cifras, insignificantes al lado de las del Libro negro del comunismo, siguen obsesionando a nuestros historiadores “revanchistas”. A la vez que cierran los ojos a la guerra civil de facto que arde en las provincias del Norte, hacen lo posible por mantener viva la llama de una guerra civil de la que a lo mejor ni se hablaría si la hubieran ganado los que la perdieron.


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Comed República

Véase bokabulario

Sólo que donde dice "leyenda rosa" yo digo, siguiendo a don Marcelino, "leyenda lila".

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Sunday, April 25, 2010

Crónicas anacrónicas


Sobre el clima de "crispación" que padece nuestra Patria, poco es lo que yo pueda decir que no haya dicho ya, y que recogí en su día en un libro titulado Crónicas anacrónicas, aparecido en Barcelona en noviembre de 2003, cuando aún gobernaba el P. P. Como ese libro no lo conoce casi nadie hasta el punto de que el editor perdió todas las ganas de contar conmigo en lo sucesivo, vuelvo sobre él para decir lo que digo y no tener que decir lo mismo con otras palabras. Lo que sigue está escrito a raíz del lanzamiento de la fundación FAES en el Hotel Miguel Ángel, de Madrid.

Fosas comunes

La derecha acomplejada, la derecha vergonzante, la derecha que no quiere decir su nombre, se apresta, con el nombre de “centro”, a construir un futuro de libertad, democracia, humanismo y progreso, cerrado a cal y canto a toda tentación de conservadurismo. Es posible que ese centro quiera contar con un plantel de “intelectuales orgánicos”, es decir, unos intelectuales a los que no se les pide que aporten ideas propias, sino que saquen brillo a las ideas que les vayan suministrando los políticos.

Dado que he sido convocado como presunto “intelectual orgánico”, lo menos que puedo hacer es decir lo que pienso y no lo que a lo mejor se quiere que diga. Y lo que pienso es que el llamado “arco constitucional” nunca tendrá estabilidad mientras esté cojo, cojera que sólo puede remediar si se le agrega la base que le falta, que es la derecha. Esa derecha ha de carecer de los complejos que aquejan a la que se hace llamar “centro”, complejos que explican que a los veinticinco años del cambio de régimen se siga hablando de transición pendiente por parte de los que nunca se conformaron con que se hiciera “sin traumas”. A éstos les aconsejaría que se dejen de hozar en fosas comunes y, si no pueden contenerse la pasión necrófila, que decía don Marcelino, que vayan a Paracuellos, donde en 1936 se consumó el “trauma” que tanto echaron de menos en 1975.


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Saturday, April 24, 2010

Pandemias

La vida es siempre preocupación, pero en cada época preocupan más unas cosas que otras. Hoy no preocupa la viruela, que preocupaba en 1850. Hoy, en cambio, preocupa el régimen parlamentario, que no preocupaba entonces. (José Ortega y Gasset. En torno a Galileo)

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Wednesday, April 21, 2010

Oh Africa!

MUCHA atención a esos políticos catalanistas asegurando tan campantes que sólo acatarán una sentencia favorable al Estatut y amenazando con graves rupturas nacionales, y al Gobierno presionando a los miembros del Tribunal Constitucional y queriendo, de pronto, renovarlos porque no dijeron lo deseado. Por otra parte, un principio elemental de la democracia es la separación de poderes, y en el caso Garzón (con su coro mediático anejo) estamos viendo el respeto que le tienen algunos (algunos muy representativos, quiero decir) al Tribunal Supremo y al imperio de la ley.

La política española cada vez recuerda más al anuncio de Pepsi titulado Oh Africa. Pueden buscarlo tecleando esas palabras en Youtube.com, o verlo directamente en mi blog, Rayos y truenos. Asistirán a un partido de fútbol en que los límites del campo cambian y pegan, a conveniencia, un giro de 180º. Así el fútbol resulta impracticable. En el anuncio queda muy divertido porque se trata de un juego; pero una nación es algo más delicado y, si me apuran, peligroso.

Las sociedades sólo se sostienen sobre lo sagrado. Incluso la democracia más positivista y laica ha de construirse sobre una base sólida para no acabar flotando en el éter de la vacuidad, dando volteretas. Las reglas de juego, los principios básicos y los derechos fundamentales, la soberanía nacional, los símbolos patrios, el Estado de Derecho son el conjunto intocable del que depende la libertad de todos. (Bueno, se puede tocar, sí, pero muy poco y con suma reverencia.) Las constituciones han de ser las vacas sagradas de los estados modernos.

Bien comidos y bebidos, hemos hecho muchas bromas sobre las vacas de la India, hasta que el curioso Marvis Harris nos explicó que gracias a la prohibición religiosa no se las comen todas a la primera hambruna. El tabú resulta utilísimo: permite seguir contando con leche, combustible, abrigo y bueyes para la agricultura. Todos los políticos del mundo tienen tentaciones de comerse a mordiscos la vaca de la constitucionalidad, que les limita. De que no lo hagan depende el futuro de sus naciones. En España, la aprobación de la Constitución significó el pistoletazo de salida para despedazarla con el cuchillo de las interpretaciones recreativas. Puede que hasta ahora se hiciese con cierto decoro (que tampoco), pero con el Estatut, como la Constitución ya está en los huesos, la ferocidad por los despojos produce grima.

Tendríamos que suspirar de alivio porque en el TC seis magistrados se hayan atrevido a parar el festín, a pesar de todas las presiones. Si no lo hacen, de la Carta Magna no quedan ni las cáscaras.

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Friday, April 16, 2010

Memoria histórica

La guerra acabó con una victoria por la que no se va a pedir ahora perdón, como pretenden algunos; lo que no supone que no merezcan comprensión y respeto los que lucharon limpiamente al otro lado. El régimen que surgió legitimado con la victoria no puede ser juzgado hasta que desaparezcan quieneNegritas vivieron aquella etapa en la vida de España; cuarenta años de historia no constituyen una etapNegritaa transitoria para volver a empezar e ignorar este periodo, y querer basar cualquier actividad política en lo que pasó en la guerra es no querer que la paz siga imperando en España. El respeto a la memoria de Franco ha de ser aceptado por todos y es piedra de toque para que la paz sea posible... El olvidar nuestra guerra y mirar hacia adelante no supone entreguismo, claudicación ni humillación para ninguno, sea cual fuere el bando en que luchó, sino, al contrario, paz donde antes hubo lucha; convivencia pacífica en vez de posiciones agresivas y permanente cooperación en vez de acciones contrapuestas; relaciones políticas normales contra la dialéctica de la violencia. Todo ello encuadrado en un mapa político nuevo que permita las discrepancias ideológicas pero exigiendo y respetando unas reglas de juego iguales para todos.
Teniente General Manuel Gutiérrez Mellado, 1977.

(Estas palabras, u otras parecidas, que recuerdo haber leído en ABC, las tomo ahora de los cuadernos de bitácora Arriba y Que yo me la llevé al río. También recuerdo que, al aparecer en portada en el diario susodicho, subió la Bolsa).

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Centenario de Miguel Hernández

Thursday, April 15, 2010

Motivos de Miguel d'Ors



(Motivos que hago míos; en cambio los dos últimos son personales e intransferibles y además vienen al volver la página)

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Wednesday, April 14, 2010

Homenaje efervescente

Monday, April 12, 2010

El arte como salvación III

También fue Pedro Serna quien me dio pie a mí para reflexionar sobre estas cuestiones, así que voy a reproducir aquí lo que escribí entonces, añadiendo únicamente que ojalá alcanzara yo en mi quehacer lo que ellos lograron en el suyo:
“En 1960, Hans Sedlmayr le decía al entonces crítico de arte García Viñó que “la tarea más importante que tenía planteada la crítica de arte en aquel momento era la de trazar una línea que separase el arte de lo que no lo era. Una línea, añadió, que pasaba por en medio de la obra del mismísimo Picasso”. En la época en que hablaba Sedlmayer, además, el mundo en general y Europa muy en particular estaban divididos en dos por una línea análoga, cuyo símbolo era el Muro de Berlín, y no hay que decir de qué lado estaban la mayoría de los artistas del feísmo, con Picasso a la cabeza.


(Gaya. La Salute)


Yo no sé de qué lado estaba Ramón Gaya, por ejemplo. En un artista lo que cuenta son los resultados. Hay que ir a él como al hombre en el Evangelio, por sus frutos, y los de Gaya se cifraban en dos cosas: respeto a la tradición y alegría estética. Un artista que lo ve todo negro tiene la obsesión de la ruptura; un artista que madruga, sabe que la tradición no es inmovilismo, sino invención y descubrimiento. Los artistas incapaces de inventar y descubrir, optan por hacer tabla rasa de la tradición y si la siguen, como el Picasso dimezzato, es por la vía de la caricatura. Hablo de Picasso y de Gaya cuando debería estar hablando de Pedro Serna y es que en Gaya y en Picasso, por qué no, está la tradición que sigue y que cultiva. El rasgo de Ramón Gaya de hacer, contra viento y marea, en la España de 1960, donde reinaban pictóricamente la abstracción y el feísmo, una afirmación de fe en la gran pintura de todos los tiempos, hizo posible una estirpe de pintores como Carmen Laffón, Grau Sala, Joaquín Sáenz y, por supuesto, Pedro Serna, por no hablar de otros más jóvenes como Manuel Benítez Reyes. Sin Gaya no se entiende Serna, y es inevitable recurrir a aquél para entender la pintura de éste, y apoyarse no sólo en sus cuadros, sino en sus escritos. Tal vez el Picasso que inventa y descubre esté en el cubismo, pero con el que yo creo que Serna está más en deuda es con el Picasso de la colección de María Teresa Walter, un Picasso abierto al amor de la familia y a la luminosidad mediterránea. Serna no tiene nada de cubista, pero su sentido del color lo aproxima mucho a Juan Gris, uno de los pintores más gratos a la vista que conozco.


(Serna. Atardecer desde la casa de Rafael de Paula)


Hay dos conceptos que es funesto confundir, a saber, lo moderno y lo vanguardista. Decía Jouvet que en el mundo del teatro lo único que no cambia nunca es la vanguardia, y Manuel Díez Crespo que moderno es todo lo que está bien hecho. Pedro Serna no es vanguardista; es moderno, como lo son todos los pintores que menté más arriba y que deben a Gaya su aire de familia.”
Por pudor también trata Ramón Gaya de disimular en su homenaje a la tradición un sentimiento parecido al de aquellos campesinos a quienes conmovía una tabla de Berruguete porque, como él dijera con un punto de demagogia y de pedantería al evocar su experiencia en las Misiones Pedagógicas en un escrito del polémico año de 1937, “se les había dejado tan hundidos en una fecha remota que aquella tabla del siglo XV parecían reconocerla.” Decía d’Ors que toda colonización es recíproca; algo de eso cabría decir de las Misiones Pedagógicas, y eso explica que algunos años después le brotara a Ramón Gaya un villancico estremecedor de su alma medieval.
Para Gaya, el arte no era un fin en sí mismo, sino un medio de alcanzar la verdad, un sentimiento sin el que la verdad no pasaba de realidad. De haber sido un místico, habría dicho que el arte era un camino de salvación.



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La Santa Rusia en Huelva




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Sunday, April 11, 2010

Eco madrileño de un acto académico jerezano


Breve reseña en ABC de Madrid del ingreso del Vizconde de Almocadén en la Academia de San Dionisio, de Jerez de la Frontera el 9 de marzo de 2010. La imagen está tomada en el comedor de la casa que fue de don Pedro de Benavente al día siguiente, miércoles 1o.

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Saturday, April 10, 2010

El arte como salvación II

Gaya tomó sus distancias de la Modernidad y procuró ejercer de creador, no de artista, pero como al hombre hay que juzgarlo por sus obras, y si es artista, o creador, por su obra, resulta que todo lo que hizo revela un sentimiento de la belleza difícilmente superable. Y a la vista de esa obra, causa cierta perplejidad el contraste aparente de la teoría con la práctica, pues no deja de ser paradójico que un pintor tan alegre y luminoso declare su preferencia por la pintura negra de Goya, aunque ello explique su admiración por Solana. Pensándolo bien, ambas admiraciones se explican a su vez por la coherencia en Solana de su sentimiento de lo feo, del mismo modo que en Picasso se detecta una coherencia en el sentimiento de lo destructivo. Lo cierto es que, de los tres contemporáneos que salva Gaya, con quien más afinidades estéticas tiene es con Isidro Nonell. (Gaya:La bañista, 1955)

Gaya, que desconfía de los autorretratos, tiene uno bastante convincente, escrito en Italia en 1959, en el que reconoce el momento desfavorable para su arte que es esa “modernidad convencional” de principios de siglo “que, pasados unos años de autenticidad y vitalidad magníficas – con Juan Gris, Picasso y Paul Klee – viene arrastrándose …en una especie de vejez retocada”. En ese autorretrato Gaya dice lo que él no es; es una especie de negativo de la fotografía. Pero la prueba positiva de la placa del artista, o del creador, hay que buscarla en lo que éste dice de otro a quien admira, y ese otro es Pedro Serna, en cuya pintura elogia Ramón Gaya sin reservas todo lo que por pudor calla sobre la propia pintura.
(Serna: Toros en Chinchón)
También Ramón Gaya es “muy pintor, y también muy murciano, pero sin sombra de regionalismo – todo ismo, como se sabe, encierra falsedad, tendenciosidad, demagogia – sin sombra de provincianismo y sin caer tampoco en esa universalidad pueblerina, buena para papanatas, que se estila hoy”. (No deja de ser otra paradoja que el padre de ese papanatismo fuera nada menos que Juan Ramón Jiménez, para quien Gaya hizo aquel delicioso dibujo que ambos llamaron perejil y que en realidad es culantrillo. A este respecto me viene a la memoria el consejo del novelista Luis Berenguer: “No dejes que te llamen andaluz universal”) Pero sigamos con Gaya y con Pedro Serna, del que dice que “el creador no es un intérprete de la realidad, sino un hacedor de realidad…que sabe muy bien que la realidad no puede ser enjaulada – como han hecho siempre los realismos – ni arlequinizada, ni traicionada, ni burlada frívolamente – como han hecho los estúpidos vanguardismos culteranos de nuestros días…” Por fin, al tocar el tema de la tradición, habla en primera persona, aunque sea del plural: “Quienes nos hemos negado a romper con la tradición – como en cambio mandan los tiempos- hemos sentido muy bien que tampoco se trata de estar, como monigotes, aposentados en ella, caídos de bruces en ella; la tradición no es un lugar de estar, sino de irse, pero de irnos sin desentendernos nunca, sin olvidarnos nunca de su viejo y lejano manantial.” Y sigue: “…estando así las cosas, cuando alguien, como es el caso de nuestro sutilísimo pintor murciano – por sensibilidad, por naturalidad, por pureza, por fineza y firmeza de sentimiento, por vigoroso y riguroso instinto -, se niega a comulgar con ruedas de molino (o con paraguas y máquinas de coser) y nos entrega esos hermosísimos trozos de pintura legítima, lo cierto es que nos desconcertamos un tanto, como cuando alguien dice…una verdad.” ¿Quién no diría de más de un cuadro de Gaya esto que él dice de Pedro Serna?: “el color es aquí, más que el color de las cosas, el color del aire, como una afinación, como una tonalidad musical del aire.”

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Friday, April 09, 2010

Centenario de Miguel Hernández

Wednesday, April 07, 2010

El arte como salvación I

Yo tengo todas las reservas del mundo sobre Picasso, pero todas se me disipan cada vez que evoco las obras de la colección particular de María Teresa Walter, expuestas en el Ateneo de Ginebra a comienzos de los años 80. Esas obras son el reflejo de una de las épocas, la de la convivencia clandestina del artista con María Teresa, en que se tiene la impresión de que debió de conocer algo parecido a eso que llaman la felicidad, porque es felicidad y plenitud lo que aquellas obras transmitían. Todas aquellas obras tenían la luminosidad interior de alguien que está a gusto con el mundo que le rodea. Ya sabemos que aquello no fue más que un paréntesis en una vida inseparable de una obra que, según confesión propia, era “una suma de destrucciones”, y que la felicidad de aquellas obras de arte es esa felicidad engañosa del que la confunde con el placer. Porque en aquella armonía matinal y jubilosa fue precisamente en la que hizo irrupción un minotauro ciego, un semidiós que exigía sacrificios humanos. Lo engañoso de aquella sensación acaso esté en que las obras expuestas no expresaban el estado de ánimo del artista en un momento de su vida, sino las preferencias y los gustos de la persona que compartió con él ese momento, de suerte que nos dicen más sobre ella que sobre él.
A lo que voy es a darle la razón a un pintor bastante distinto de Picasso, como Ramón Gaya, cuya obra pintada y escrita es una demostración de que para un artista auténtico, y pocos tan auténticos y representativos de su época como Picasso, vida y arte son indistinguibles. El arte no siempre es creación; muchas veces es destrucción, y en eso Picasso fue un maestro convicto y confeso.

(Ramón Gaya. Divertimento sobre Picasso)

No puede decirse en cambio que Ramón Gaya fuera representativo de su época, pero no que no fuera un artista auténtico, y su autenticidad estuvo en no separar su vida de su obra, en no hacer que otros vivieran por él o se suicidaran por él. Ramón Gaya supo muy pronto optar por la tradición frente a la destrucción, y eso fue cuando en su primer viaje a París vio de cerca la obra de los maestros cubistas, y lo que había de arte muerto en sus naturalezas muertas. Sin embargo, su idea de la vida y el arte no tenía nada de estrecha o excluyente, y así se explica que seleccionara entre sus contemporáneos, entre los poetas, a Cernuda y a Bergamín; entre los pintores, a Solana, a Nonell y a Picasso. Muchas de las ideas y muchos de los juicios de Gaya pueden ser desconcertantes, pero no puede decirse que no estén razonados y expresados con claridad. Así, cuando le reprocha a Sorolla su grandilocuencia, su teatralidad y prefiere los apuntes y los bocetos en pequeño formato, o cuando censura en Juan Gris que vea en el cubismo no una técnica, sino una doctrina. A veces su inteligencia se quiebra de sutil, y no siempre es fácil seguirlo y darle la razón para dejar a Lorca en poeta menor o a Machado en poeta alicorto. Es fácil explicarse que sus conversaciones con Octavio Paz, de quien fue muy amigo, acabaran en discrepancia. Ahora bien, si hay algo que rechaza Gaya es el dogmatismo, propio del artista según señala en el caso de Gris, mientras que el creador lo es porque siempre busca. “Yo no busco; encuentro”, decía Picasso, otro artista, otro dogmático, cuya máxima virtud era cambiar de dogma como las serpientes cambian de camisa. Por eso las opiniones de Gaya son sólo eso, “opiniones”, es decir, teorías, y toda teoría, nos recuerda el argentino Buela, no es un fin en sí misma, sino un medio para buscar la verdad. Buela se autodefine como arkageuta, que significa en griego “eterno principiante”, y es curioso que Gaya, a fuerza de estar de vuelta de todo, procede como si estuviera dando sus primeros pasos. La obra, la vida de Gaya – tanto da- es una búsqueda, una busca; es, perdóneseme la expresión, un sabio tanteo. Sus versos son escasos, pero definitivos. Su obra plástica es muy amplia y es toda ella un ejercicio de admiración, un homenaje a la Historia de la Pintura. El mismo habla humildemente de “bocetos provisionales”. Gaya se pone en su estudio al nivel de esos aficionados que van o que iban al Prado a copiar obras maestras, aunque su finalidad no es el pastiche para la salita de estar, sino la captación en un mero boceto del sentimiento disimulado en la técnica, de la ráfaga de inspiración que dio eternidad a lo fugaz.

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Tuesday, April 06, 2010

Mondo latino

(Castelgandolfo, giugno 1988)


Gaillard, addì 7 febbraio 1993





Cara Lucrezia,





Ho trovato Menem per strada e mi ha detto che è venuto in chiesta di soldi; vuole che i banchieri svizzeri le aiutino a pagare gli alimenti all'ex moglie, perchè con il solo stipendio di capo dello Stato lui non ce la fa. Come ha sentito dire che l'industria ottica svizzera è ottima, vuole ordinare lenti di contatto assortite, per combinare con le cravatte. Il ministro dell'Economia non è venuto poichè suo stipendio viene arrotondato da due o tre ditte private. Invece il ministro dell'Interno si fa arrotondare il sedere; l´hanno fatto la plastica ai glutei a base di silicona e poi lui, tutto fiero, si è abbassato i calzoni davanti alle camere, mica del Parlamento, ma dei rotocalchi. Pare che l'ultimo grido della moda "porteña" sia essere in possesso di un bel sedere. Che si può aspettare di un paese che noi, Spagnoli e Italiani, abbiamo fatto a metà?


Spero bene che il Grande Premio della Cultura molfettese ti abbia ricaricata. Dopo un tale incoraggiamento, cosa ti può dire un povero ottimista come me? Per parte mia ho visto le bozze di un volumetto di poemi e sto aspettando le bozze delle mie memorie di infanzia e del romanzo sulla guerra mondiale de cui ti ho letto un brano riguardante la cosidetta "Resistenza" italiana. Il tempo che non sono stato a Roma l'ho sfruttato abbastanza bene, poichè ci sono usciti due libri di cui è ancora presto per azzardare ciochessia.


Sarò cui (a Ginevra) fino agli Idus di Marzo. Tante belle cose,








(Carta a Lucrezia Cipriani Pannunzio, traductora de todos los grandes autores contemporáneos de lengua española desde Gómez de la Serna a Vázquez Montalbán pasando por Cortázar, Murena, Vargas Llosa e tutti quanti, excepción hecha del que suscribe. Acababa de recibir el Premio de la Cultura de Molfetta, ciudad de la Apulia).

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Monday, April 05, 2010

Más virutas de taller


Hago mías unas palabras de Alvaro d'Ors que evoca su hijo Miguel en su reciente y ameno libro Más virutas de taller (Los Papeles del Sitio, Valencina, 2010):

Si escribo, no me publican; si me publican, no me leen; si me leen, no me entienden; si me entienden, no están de acuerdo; y si están de acuerdo, me dicen que no debiera haber escrito aquello.

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Thursday, April 01, 2010

La ruptura dilucidada


17. ¡ Toma “Guernica”!
Creo no haber sido yo el primero en decir que el tristemente célebre Guernica de Picasso no es más que una adaptación con ánimo de lucro del cuadro, collage, cartón, cartel o como quiera llamarse con el que el artista pretendió sumarse al luto nacional por Ignacio Sánchez Mejías. El caso es que la fortuna de la obra no la hizo su factura, sino como es harto frecuente en el arte “de vanguardia”, su título, un título, un símbolo en el que se cifró y se cifra la moral de combate del bando vencido, como en el Alcázar de Toledo se cifró la de los vencedores. Cuando se cocinaba el cambio de aires, no hay que decir cuál de esos símbolos no era más que una reliquia del pasado, todo lo heroica que se quisiera, y cuál anunciaba la España que se avecinaba.
No me dejará mentir un vate, un profeta que por esta vez no confundía la realidad con el deseo. Hablo de Rafael Alberti y de un texto que ahora exhuman unos andaluces que tal vez sean de esos cinco mil que dizque votan a H. B. Dice así el desmelenado vate en un poema que tiene el prostático título de ¿No orinaste esta noche?: Se siente que en la noche,/ asesinatos de gobernadores,/ guardias civiles,/ secuestros de ministros,/ huelgas,/ amnistiados y vueltos a prender,/ torturas,/ órdenes apremiantes de extradiciones,/ comunicados, amenazas, anónimos,/ asaltos a los bancos…/ lentamente, hacia España,/ va avanzando el “Guernica”.

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