Wednesday, January 30, 2008

Cultura democrática

"Un mundo se acababa de abrir ante sus ojos: el mundo de la Cultura, un mundo de barbas, melenas, sandalias, cortes de manga, puños crispados, palabras gruesas, porros y preservativos. Esa Cultura, que las clases opresoras ocultaban al pueblo, estaba por fin a su alcance..."
El piojo rojo. Pre-textos. Valencia, 2004. Pág. 225

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Legitimidad

Véase Análisis Digital

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Sunday, January 27, 2008

Al hilo de los Mundiales de fútbol

Véase El Manifiesto

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Música militar

Véase El Implacable

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Thursday, January 24, 2008

De la raza de Elcano

Véase El Manifiesto

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Wednesday, January 23, 2008

Legitimidad

Véase Análisis Digital

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Monday, January 21, 2008

Un terrestre en Marte

Véase El Manifiesto

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Friday, January 18, 2008

Pemán y José Antonio

Véase El Manifiesto

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Wednesday, January 16, 2008

Tejada y las aguas turbias

Véase Análisis Digital

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Sunday, January 13, 2008

Cuadernos de Rusia

Véase El Manifiesto

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Saturday, January 12, 2008

Las paridas de un parado

Mi corresponsal portuense, don Luis Suárez Avila, opina en el Diario de Cádiz sobre la última "gracia" de la democracia:
HIMNO

La gente está himnotizada. Quiero decir que no se habla de otra cosa que del himno. Cuando desde las altas instancias y los que viven de ellas –la SGAE, por ejemplo--, se quiere narcotizar a la Nación y a la Patria, para que piensen en otra cosa que no sea el terrorismo, el canon digital, la subida de los precios y de las hipotecas, resulta que promueven un concurso para darle letra a la Marcha de Granaderos que Carlos III mandó que fuera la Marcha Real. Hay dos formas de llamarlo: el Himno Nacional, en tiempos de Franco, dictado que siguen los laicos de la política actual y, muy particularmente, los de la izquierda, (a los que dicho sea de paso, ni les va ni les viene, porque pasan de himnos y de banderas, a menos que sean las anticonstitucionales, o las de uniones de países descompuestos); o Marcha Real, los de toda la vida de Dios. Sea como fuere, el caso es que el Himno Nacional de España no tenía letra. Vamos, tenía, por lo menos, tres letras: una, aquella de “Chero, chero, tu padre es colillero, chero, chero, chín, tu padre es albañil...”; otra, la de Eduardo Marquina y, la tercera, la de José María Pemán. Cuando no se habla nada más que del robo del canon digital y cosas por el estilo, va la SGAE, beneficiaria del canon, y se mete a taparnos la boca con el ardor patriótico. Lo que digo, que nos quieren himnotizar. Para que se hable de otra cosa. Y la gente, pues a hablar. Hasta Llamazares, al que el himno le importa un bledo, ha opinado. Y ha opinado en defensa de los derechos de un autor del que abomina. Los niños, los borrachos y los locos son los que dicen la verdad. Gaspar Llamazares, ni tiene edad para ser niño, ni está borracho, y ha dicho que si el poeta José María Pemán levantara la cabeza denunciaría a Paulino Cubero”por plagio”. Bonita forma de saludar el triunfo de un parado, porque Paulino Cubero es un parado, uno que se dice defensor de la clase obrera. Independientemente del valor literario de la letra, que no me voy a poner a discutir, el que un parado de larga duración, como Paulino Cubero, tenga raptos de patriotismo en el día de hoy, es como para hacerle un monumento. Sus fuentes de inspiración, ha declarado, están “en los españoles y en el amor que yo siento por mi Patria”. Y prosiguió. “Hay cosas que nos hacen sentirnos orgullosos de la Patria”. Y es que se va a poner de moda ser patriota. Ya lo verán. Ha empezado Zarkosí, con la exaltación de “la grandeur de la France” y, en España, se nos van a comenzar a poner los vellos de punta al entonar, fervientes y emocionados, las paridas de un parado.

Luis Suárez Ávila

Himno

Estamos en época de vacas flacas para el patriotismo. La progresía es vergonzante de la historia –que se la inventa—, y de las glorias — que se las calla-, porque no son propias. Los peores periodos de todas las historias, de todos los paises, han sido producto de las izquierdas. Las izquierdas son tendenciosas, sectarias, intolerantes, fanáticas e intransigentes hasta para lo más nimio. Por eso no es el momento de redactar, ni componer ningún himno nacional de España. Precisamente porque no se está en vena, ni la inspiración acompaña.
La poesía no tiene un momento. En cualquier momento puede aflorar. Pero necesita, como los presupuestos, una “Ley de acompañamiento”. Y el momento no la acompaña.
Durante la dominación del partido del G.A.L., de los Ministros y Directores Generales encarcelados—que no han devuelto una chica-- ; durante el gobierno de quienes han pactado con la E.T.A., que han pedido árnica, porque los tiene cogidos por los huevos; durante el gobierno que solamente tiene como modelos a Chavez, a Castro y a Evo Morales, no se le pueden pedir peras al olmo. Conviene una “vacatio himni”, que bastante tiempo llevamos con música sin letra, y bastantes letras fallidas y protestadas se han hecho e intentado, para que ahora nos vengan con prisas.
Un himno debe ser el reflejo de muchos sentimientos que afloran cuando se está limpio de corazón y se ama lo que se canta. Y, sobre todo, cuando se cree en lo que se canta.
Ni ”La Marsellesa”, ni “Dios salve a la Reina”, por ejemplo, se compusieron en momentos de vacas flacas. Ni tan siquiera el “Himno de Riego”. Todo surge de la necesidad de recobrar y exaltar la dignidad de un pueblo. Y, por ahora, lo que este pueblo tiene que recobrar es el dinero que se llevaron Vera, Luis Roldán, los maletines que circularon y circulan por Ayuntamientos y Autonomías, las comisiones de Roca y repartidas por Roca y todos los Rocas que hay repartidos por ahí.
Mientras haya gente que se queda sentada al paso de una bandera; mientras haya quienes enarbolen banderas anticonstitucionales –roja, gualda y morada—; mientras cueste trabajo pronunciar la palabra “España”, no se está en momento de componer un himno. Ni tan siquiera un buen pasodoble para una chirigota.

Luis Suárez Ávila

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Al margen de otra polémica

9. El himno nacional
En este país de nuestras autonomías sigue habiendo mucha renuencia a hablar de España y de su unidad, a ondear su bandera y entonar su himno, cosas estas últimas toleradas en los campos de fútbol a unas masas de aficionados que, por el mero hecho de hacerlo, son calificados de ultraderechistas. La formación, no ya política, sino histórica, de estas masas, tampoco va muy allá, que el himno no lo entona, sino que lo tararea, pues su letra no la conocen las nuevas generaciones. La letra que yo aprendí y canté de niño la escribió don José María Pemán, y hay demócratas que reconocen que es una letra bella, poética y bastante menos “fascista” que la de La Marsellesa, para no ir más lejos, pero que es una pena que Pemán la hubiera escrito para Franco, por lo que no sirve.
Por eso, el primer Gobierno de UCD convocó un concurso de nuevas letras y yo fui el único que mandó una que decía más o menos así: Vale, España,/ los derechos humanos / guarda por tu bien, / por ti y la humanidad./ Venga, España / judíos y cristianos/ y los moros también/ vivan en hermandad. / Autonomía,/ perdón y amnistía/ sean tus palabras/ de modernidad. El ministro de la Presidencia, que creo se llamaba Moscoso, me dio las gracias muy finamente, pero la letra no se adoptó. No todos eran tontos en UCD.
(De Crónicas anacrónicas, Ediciones Àltera, Barcelona, 2003)

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Tuesday, January 08, 2008

Viva lo que sea

Véase Libertad Digital

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Sunday, January 06, 2008

Los agujeros de la democracia

La noción de nación

La noción de nación
En la película de Jean Renoir La Marseillaise, relato de las jornadas revolucionarias que dieron en Francia a luz la Edad Contemporánea, hay una escena muy significativa, y es cuando Luis XVI, que encarna Pierre Renoir, el hermano del director, sale a pasar revista a la batería de artillería que presta servicio en la residencia real, y uno de sus ayudantes grita ante la tropa formada junto a las piezas: Vive le Roi! y el oficial que la manda saluda con el sable y responde Vive la Nation!
Aunque aún viva Occidente de las rentas de la Revolución Francesa, no deja de llamar la atención la traza que se ha dado para invertir todos sus valores. Siempre digo que la realidad es paradójica, y la paradoja que ahora quisiera glosar es la de un político, heredero en teoría al menos de los valores y principios de esa Revolución, que prefiere pasar por cortesano antes que por patriota, ya que confiesa no tener claro el concepto de patria ni la noción de nación. El Rey vitoreado por este jacobino invertido es en cambio descendiente de aquel infeliz a quien llevó a la guillotina la libertad que, según los grabados de la época, él había restaurado en Francia.

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Tuesday, January 01, 2008

Obediencia o colaboración

Véase El Manifiesto

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Entre el vicio y la virtud