Saturday, December 28, 2013

Viaje napolitano





(Fotografía de Miguel Hermoso Cuesta)
Martes 23 de mayo.  Herculano, Pompeya, Posílipo.
El martes amaneció con cielos velados y luces grises, mañana opaca de bochorno en la que el sol fue abriéndose camino para caer implacable sobre las cabezas. También aquí hubo suerte con la guía y yo, personalmente, que no era por supuesto la primera vez que visitaba Herculano y Pompeya, tuve la sensación de que era la primera vez que lo hacía. En otros tiempos se entraba a las ruinas por las que merodeaban unos guardas viejos y mal trajeados, con traza de guardacoches, sin más distintivo que una gorrilla de plato, que procuraban ganarse unas liras llevando al despistado turista a ver los frescos prohibidos.  Ya no están prohibidos esos frescos ni existen esos guardas mendicantes y furtivos.  El diferente estado de conservación del caserío urbano de ambas poblaciones se explica porque Herculano quedó sepultado en un aluvión de fango, ceniza, piedra pómez y lava que, al solidificarse, conservó la estructura de los edificios bajo una espesa costra impermeable.  Los de Pompeya en cambio se hundieron bajo el peso de la gravilla de  lava y las escorias arrojadas por el volcán que poco a poco fueron cubriendo la ciudad de cenizas ardientes.  El resto del daño lo hicieron las primeras excavaciones de la época carolina, en las que por sistema se demolían las plantas superiores de las viviendas.  También se abrían pozos y se trazaban galerías en las que se dejaron la piel, intoxicados por los gases, muchos  de los esclavos y prisioneros empleados como mano de obra.  El jardín de peristilo de la Casa de los Vetii da una idea del patio descubierto o impluvium con plantas en macetones en torno a una estatua o una fuente. El triclinium o comedor, en la parte posterior de la casa, solía abrirse a jardines con fuentes, estanques y grandes árboles incluso, como se ve en la Casa del Fauno.
    Después de cenar, el autobús puso proa a Mergelina y Posílipo. Ya era noche cerrada y una hilera de luminarias delimitaba el amplio contorno de la bahía bajo la sombra fantasmal de la gran montaña amenazante.  A lo lejos, un trapecio flotante de puntos luminosos. ¿Mejilloneros en faena? Hace años, cuando la epidemia del cólera, atribuida a los mejillones, los carabinieri cruzaban la bahía para destruir los viveros y prender a sus dueños y éstos, desafiantes, al ver llegar a la fuerza pública, se comían a puñados los mejillones para hacer ver que no estaban contaminados. En el Perú, en una coyuntura semejante, quien hizo esa demostración fue el ministro de pesquerías, que en plena alarma de cólera se zampó un ceviche y por poco la diña.  Iluminados los castillos, el Angevino, el de San Telmo, el del Huevo, todo Nápoles estaba en la calle buscando en vano un alivio al calor.  Ni siquiera en Mergelina, junto al agua, ni en Posílipo, en lo alto, se movía el aire. Entre los árboles que bordeaban la carretera de Posílipo, con la Bahía a un lado y al otro las luces de Pozzuoli y las sulfataras de los Campos Flegreos, había gran cantidad de automóviles estacionados con los cristales púdicamente recubiertos con hojas de periódico. ¡Qué habrá que no tape un periódico! Amor sobre ruedas. Italia lo motoriza todo, hasta el oficio más antiguo del mundo. Hay ciudadanos entre las sombras que combinan la venta de periódicos con el más celoso proxenetismo. “Proxeneta” por cierto significa cónsul o embajador en la lengua que debió de ser cooficial con el latín en la Magna Grecia.

(Fragmento del diario de un viaje de la Asociación Sevillana de Amigos de los Jardines y el Paisaje a Nápoles, Ischia  y Costa Amalfitana en el mes de mayo de 2006)

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Thursday, December 26, 2013

Concierto de Navidad


Concierto de Navidad en la Capilla Real del Palacio de Oriente el 17 de diciembre de 2013

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Saturday, December 21, 2013

En directo de La Gran Peña

Thursday, December 19, 2013

Feliz Navidad

Wednesday, December 18, 2013

Cuentos sin influencia de Borges


                                Cuentos sin influencia de Borges      
No deja de ser una sorpresa, y es justo decir que grata, la aparición de un volumen de relatos del filólogo Márquez Villanueva, fallecido en Harvard en marzo de 2013. Me consta que para él, estas incursiones en el terreno de la ficción eran un mero divertimento, y desde luego le divertía muchísimo que alguna de ellas, aparecida en alguna revista universitaria, fuera objeto de sesudos análisis tras su versión al alemán.  Lo cierto es que estos relatos, cuya edición para amigos es un detalle del colegio sevillano de San Francisco de Paula, al que antes de morir donó Márquez parte de su biblioteca particular, no son unos gratuitos caprichos literarios. Tampoco meros juegos de ingenio o siquiera pastiches, sino imitación en la más noble de las acepciones, en la que cultiva el creador que conoce a sus clásicos. Tan bien los conoce que traslada a los escenarios de su fantasía un lenguaje que sólo domina alguien que esté familiarizado de luengo con la paremiología medieval y renacentista. Es de tal propiedad y riqueza el lenguaje que ya de por sí sería un gozo si lo que se cuenta no tuviera su miga y su intriga. Tal es la propiedad de este lenguaje que tres lectores distintos e igualmente atentos se han fijado en otros tantos gazapos, que no tienen más remedio que haber sido puestos adrede para desorientar al lector; uno es el adjetivo “predictible” en lugar de “predecible”, que su descubridor, el presentador Juan Gil, atribuye al entorno angloparlante, por más que el DRAE lo haya naturalizado; otro, señalado por la persona que me ha prestado el libro, que es el empleo del adjetivo “inédito” en lugar de “insólito” o “inaudito” en la frase “Tomi traía al Vaticano algo especial e inédito”, y por fin, el de más bulto, descubierto por el que esto escribe, que es decir en vez de “orfanato”, “orfelinato”, galicismo que es muy posible también haya adoptado ya el DRAE, en ausencia irreparable del maestro Cela, que fue quien me lo señaló.   En fin, son ganas de buscarle tres pies al gato; lo propio sería, como también le oí a Cela, buscarle cinco, y son muchos puntos los que hay que calzar para encontrarle un quinto pie al gatito del Papa.
    De ello se ocupa la profesora López Grigera, autora del estudio y las notas de la obrita, estudio que aconsejaría leer después de leídos los relatos, pues es inevitable no saber de qué van a la luz de la minuciosa disección filológica de que son objeto. Yo he tenido la precaución de leérmelos antes que el estudio y la presentación que los preceden, pero aun así espero no haber dicho demasiado del primero de los siete apólogos. Cuando queremos recomendar una lectura que vale la pena por razones estilísticas no es cosa de condicionarla con nuestros prejuicios.  Por ejemplo, de ellos hay dos que me gustan menos que los otros cinco, pero no voy a decir cuáles ni por qué. En uno de ellos coincide conmigo la doctora López Grigera, que por su parte indica que ese cuento era el preferido de Juan Goytisolo, gran amigo y admirador del autor.

    Es una pena que a este librito no tengan acceso más que los amigos de juventud, por así decir, de Francisco Márquez, entre los que lo ha distribuido la Fundación Goñi y Rey, del colegio sevillano de San Francisco de Paula. Ojalá se haga una edición para un público más amplio, en cuyo caso yo recomendaría que se le cambie el título y se ponga al final el Estudio de doña  Luisa López Grigera. En cambio la presentación de Juan Gil es inamovible, pues incita la curiosidad del público sin levantar el telón antes de tiempo.  Pero es que esa presentación, rica en datos y en ideas, es también en su estilo una obra de arte. Uno de los conceptos que en ella se desarrollan es el del Odium philologicum, sinónimo para el filólogo Charles Nisard, de “odio superlativo”. Juan Gil lo trae a colación para destacar la ausencia de ese Odium en la filóloga López Grigera, que con tan abnegada veneración estudia y anota a su colega Márquez. Los que en cambio hayan tenido la imprudencia de mencionarle a Márquez ciertos colegas o maestros suyos – llámense Otis Green o Marichal o Carriazo – han podido ver cómo un sabueso de Baskerville  hacía jirones “su afable apariencia de sabio maestro”.  También su maestro don Américo solía tener esos prontos en grado superlativo.      

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Monday, December 16, 2013

Intramuros

Escribe Juan Miguel Vega en las páginas sevillanas de El Mundo el lunes 16 de diciembre de 2013



     

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Sunday, December 15, 2013

La conjura de los necios

Saturday, December 14, 2013

La vejez

El acto de presentación, en la Casa de los Artistas de Sevilla, sita en el Casino de la Exposición, de la edición facsímil de las Poesías de Leopardi traducidas por don Miguel Romero Martínez en los años 20 del pasado siglo, precedidas de un magistral e instructivo estudio sobre el arte de traducir poesía por el profesor Gabriele Morelli, fue acompañado de la presentación de una antología bilingüe del editor de Renacimiento Abelardo Linares, publicada en la colección I poeti della Smerigliana por la editora Valeria di Felice, con la versión italiana a cargo del antólogo Morelli.  Gracias a Valeria, cuya mera presencia fue ya un regalo, pudo oírse la diáfana lengua de Leopardi en la sala, y entre otras cosas aludió la oradora al contraste de lo luminoso y lo sombrío en la poética de Abelardo.  Como quiera que yo fui el presentador del primer libro poético de Abelardo, titulado Mitos, en la Librería “Vértice” de Sevilla hace la friolera de treinta y cuatro años, me vino a la memoria que mi parlamento terminaba más o menos diciendo: “Yo, que busco a tientas la luz, saludo a este joven poeta que camina con paso tan seguro por la oscuridad”. La consecuencia fue que la segunda entrega poética de Abelardo se titularía Sombras.  Recuerdo también que en el nutrido público estaban José Antonio Muñoz Rojas y Soledad Murube, la viuda de Joaquín Romero Murube, muy amiga de Inmaculada, la madre de Abelardo. Precisamente a Soledad Murube le oí decir una vez, para indicar que ciertas cosas a ella no se le escapaban, “yo nací vieja”. Pues eso me viene también a las mientes al ver uno de los poemas de Mitos recogido y traducido por Morelli en esta antología titulada L’unico cielo, en el que me llama la atención algo que entonces pasé por alto, y era la experiencia de la vejez en un joven poeta de veintisiete años, pero que hoy me salta a la vista desde mi “arrabal de senectud”.  También Abelardo “nació viejo”.
 

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Friday, December 13, 2013

Sevilla con sevillanos



Sevilla, Jueves 12 de diciembre de 2013

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Thursday, December 12, 2013

Milagros de vanguardia

Víctor Jiménez, A. D. y R. D. en la iglesia trianera de Santa Ana
El pasado día 10 se presentó en la Biblioteca Pública Infanta Elena, de Sevilla, un extenso autopsicoanálisis en verso de la poetisa sevillana Rosa Díaz, mezcla explosiva de surrealismo y expresionismo,
del que reproduzco una breve muestra:

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Wednesday, December 11, 2013

Fiestas navideñas

Tuesday, December 10, 2013

Leopardi



Mañana miércoles 11, a las 20'00 horas, celebraremos en la Sala de  
CPyL (Casino de la Exposición, entrada lateral) la presentación del  
libro "Poesías" de Giacomo Leopardi (rescate de la clásica traducción  
del sevillano Miguel Romero Martínez) como cierre del Cincuentenario  
de la muerte de Luis Cernuda. Con la participación de:
GABRIELE MORELLI
AQUILINO DUQUE
ABELARDO LINARES
VALERIA DI FELICE

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Saturday, December 07, 2013

"La era argentina" en la Gran Peña

 Texto leído a continuación de la brillante intervención de Miguel Ayuso en el curso de la accidentada presentación que, pese a todos los imponderables surgidos a última hora, pudo llevarse a cabo, como estaba previsto, en el desapacible anochecer del jueves 28 de noviembre en la "Gran Peña" . Es posible que alguien de la editorial grabara el parlamento de Ayuso, que me gustaría reproducir tan pronto como se me facilite.
                                 
Uno de los mitos que más me impresionaron siempre fue el de Laocoonte, al que ya hice referencia en un libro anterior que consistía, en palabras del editor, en una “revisión crítica de la cultura contemporánea”. Han transcurrido tres decenios y puede decirse que ese subtítulo, que me figuro que se le ocurrió a mi querido y añorado Carlos Pujol, es aplicable a toda una serie de libros iniciada con uno cuyo título, La idiotez de la inteligencia, da una idea de por dónde irían los tiros.  Más de una vez he citado al vienés Grillparzer, bien que de segunda mano, pues la cita la tomé de un libro del poeta arcense Julio Mariscal, otro amigo ya fallecido, y viene a decir: “Si mi tiempo me contradice, lo dejo pasar tranquilamente. Yo vengo de otro tiempo y espero ir a otro.”   Esa máxima, por así decir, se equilibra con el célebre verso de Eliot que condensa las tres dimensiones del tiempo.  Quiero decir con esto que no lamento en absoluto la época que me ha tocado vivir, que no ha sido parca en cataclismos y vicisitudes y en la que, por muchos pasos en falso y muchos palos de ciego que yo haya dado, no puedo decir que me haya ido mal. Yo sólo tengo motivos de agradecimiento y además tengo muy presente el proverbio alemán que aconseja imitar al reloj de sol y contar sólo las horas luminosas.  Esta actitud me ha servido para no dejarme condicionar por un tiempo que me contradice y vivir el presente con la añoranza del pasado y la ilusión del porvenir.  Decía Hölderlin que el hombre habita poéticamente y a la vez se preguntaba que para qué poetas en tiempo de miseria; creo que esa aparente contradicción de Hölderlin explica muy bien el tiempo con el que Grillparzer decía vivir en contradicción.  Esa vividura contradictoria suele irritar tanto a los poderes públicos como a eso que llaman la “opinión pública”, tanto como irritó a los dioses del Olimpo la impertinencia de Laocoonte al decirle a los troyanos que desconfiasen del caballo de madera. 
     Según un crítico literario, que me favorece con su inteligencia, entre yo y mi obra literaria se interpone mi “cruzada antiliberal”, consistente en los “ataques a la democracia liberal que, desde hace veinte años” (vamos a echarle el doble y largo),  prodigo en mis artículos “-y no sólo en ellos-”. Hace muchos años aprendí en Ortega, creo que en La meditación de los castillos, que una cosa es el liberalismo y otra la democracia y luego vino Tocqueville a confirmarme que libertad e igualdad no son conceptos complementarios, sino antagónicos. Por eso, en mi caso, más que de cruzada antiliberal, procede hablar de cruzada antidemocrática. Mis escasas simpatías por la democracia se las tengo que achacar - oh, paradoja - a dos maestros que se jugaron el pellejo en su lucha por ella: Antonio Machado y Jorge Orwell. “De cada diez cabezas - dijo el uno - nueve embisten y una piensa”. “Dos patas, malo - hizo decir el otro a sus pecuarios personajes - Cuatro patas, bueno.” Y además: “Todos los animales son iguales, pero unos son más iguales que otros”. En el dicho de Machado aflora la formación krausista que recibió. Para los krausistas, de quien nadie dirá que no eran liberales, la democracia era muy buena si el sufragio se reducía a que votara uno de cada diez ciudadanos, de ser preferible si ese uno estaba educado en la Institución Libre de Enseñanza. Bromas aparte, la única democracia que aceptaban aquellos ilustres varones era la democracia orgánica, cuyo invento les pertenece. El siglo a que pertenecieron ellos se desarrolló bajo el signo del liberalismo, y ese siglo me parece a mí un siglo lamentable punteado además de guerras civiles y de dictaduras liberales. Ese siglo me infunde a mí gran escepticismo en el liberalismo político, hasta el punto de darle la razón al Lenin que decía o pensaba que la libertad está muy bien, pero según para qué y para quién. Ya sabemos por otra parte cuál fue el uso que Lenin hizo de la libertad.
    Al derrumbarse el  baluarte que defendía esa idea leninista de la libertad, se alzó sobre sus escombros, triunfante, la democracia liberal, esa democracia que a mí siempre me pareció preferible a la de Lenin, pero que no he dejado de combatir y criticar desde el 68 hasta la fecha. Y es que la democracia que demolió el Muro de Berlín y permitió a Fukuyama proclamar “el fin de la Historia” era una democracia viciada por lo que siempre llamé “el espíritu inmundo del 68”. Los estragos de ese espíritu en la vida política y social de Occidente fueron los que me indujeron, cuando aún había Muro de Berlín, a hablar del “suicidio de la Modernidad”. Cuando a Carl Schmitt lo acusaron de ser el “enterrador de la República de Weimar”, él contestó que nunca la habría enterrado si otros no la hubieran matado antes. Fukuyama volvería sobre su diagnóstico optimista para decir que lo único que puede evitar ese suicidio es una recuperación de un sentido de la jerarquía social y de un sentimiento religioso, cifrado para él en la “ética protestante”. Lo de la “ética protestante” vale para las naciones que abrazaron la Reforma en su día, por lo que me figuro que en las de la Contrarreforma habría que hablar de “moral católica”, pero lo de la jerarquía vale para todas. Es más, la naturaleza en general se basa en tres principios - jerarquía, territorialidad y parentesco-  que son los antónimos de  libertad, igualdad y fraternidad, y tampoco concuerdan demasiado con estas tres gracias los principios en que, según Dumézil, se asientan las sociedades indoeuropeas en particular, a saber: fuerza, fecundidad y soberanía. La libertad es un medio, no un fin; los derechos han de equilibrarse con los deberes; y no cabe mayor insensatez que la “neutralidad ética” de la sociedad secularizada o permisiva, cuyo lema podría ser el del personaje aquel de Dostoyevski, que por cierto no era ni protestante ni católico: “Si no hay Dios, todo está permitido.”


Precisamente fue a propósito de Dostoyevski, de los Demonios de Dostoyevski cuando aludí por vez primera a Laocoonte y al Caballo de Madera, como la vez primera que cité al Valle-Inclán de La pipa de kif  fue a propósito de lo que escribí en caliente sobre el Mayo Francés.  Puede que tanto Dostoyevski como Valle acertaran por casualidad, pero lo cierto es que su clarividencia no tuvo nada que envidiar a la del que en vano anunció lo que encerraba el Caballo de Madera. Por eso, si tuviera que resumir en pocas palabras La era argentina, lo haría con un verso de la Eneida: Timeo Dánaos et dona ferentes.

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Thursday, December 05, 2013

Despedidas


Véase en el Diario de Sevilla "Carta abierta a Rajoy"






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