Monday, July 29, 2013

Juan y José

ABC de Sevilla, domingo 26 de julio de 2013
(Apuntes tomados por Juan Lafita en las corridas de Feria de abril de 1913)

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Thursday, July 25, 2013

En el barrio de Triana

Homenaje del barrio de Triana

Los versos son :           
                           Yo nací junto a un cine de verano en Triana
                           entre fraguas y alfares.
                           Lo primero que vi fue la Torre del Oro...

Reseña en Amigos de la Oliva

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Sunday, July 21, 2013

Libros recomendables

                          La Gaceta, domingo 21 de julio de 2013

N.B.  No sé si queda claro en el último párrafo que el libro de Moa al que me refiero es Nueva Historia de España. De la II Guerra Púnica al siglo XXI. 

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Tuesday, July 16, 2013

Velada de Santa Ana

 La Velada de Santa Ana
llena de música el río.
                 (Manuel Machado)

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Saturday, July 13, 2013

Lo gaucho y lo criollo

El Martín Fierro y la dirigencia política



Alberto Buela (*)



Desde Salamanca, en 1894 don Miguel de Unamuno fue el primero de los grandes pensadores que se ocupó del Martín Fierro , el poema nacional de los argentinos (1872/79). Y en ese escrito liminar dedicado al “docto y discretísimo don Juan de Valera” , trae una estrofa del poema gauchesco que bien puede servir de definición para la chata dirigencia política actual:



De los males que sufrimos,

Mucho hablan los puebleros,

Pero son como los teros

Para esconder sus niditos;

En un lao pegan los gritos,

Y en otro tienen los huevos.



Si hay algo que caracteriza a la dirigencia política contemporánea es el simulacro. Primero, con un discurso político que enuncia un compromiso pero con el que nunca se compromete y segundo, porque en el mejor de los casos solo administra los conflictos pero no los resuelve.

Todo ello bajo la mascarada de defender los derechos de los más necesitados levantando la bandera de los derechos de tercera generación, cuando no se cumplen ni siquiera los derechos humanos de primera generación como lo son el derecho a la vida, la libertad, el trabajo y la seguridad.



Así, esta dirigencia política habla mucho - clase discutidora la llamó Donoso Cortés: “de los males que sufrimos mucho hablan los puebleros”- pero disimula sus intereses de clase o personales en ese mismo discurso – para esconder sus niditos en un lado pegan el grito y en otro ponen los huevos-. Así los niditos y sus huevos son sus verdaderos intereses que están muy bien ocultados en su discurso político.



El Martín Fierro representa figurativamente al pueblo argentino y lo que este pueblo sufrió después de la denominada dictadura de Rosas (1829-1852).

Los padecimientos del gaucho (el pueblo pobre) que comienzan con la caída “del dictador”, según el discurso político de entonces, son relatados por José Hernández en un poema épico de factura inspirada. Se produjo uno de los raros casos en que la inspiración supera la capacidad del poeta. O dicho de otra manera, el poema es superior a las cualidades naturales del poeta.

Se lo quiso imitar, plagiar, vilipendiar, censurar, silenciar pero siempre salió indemne. El Martín Fierro está ahí como un hecho irrecusable. Como el testimonio permanente de aquello que se debe hacer y no se debe hacer con el pueblo. Y en esto posee un valor universal pues es aplicable a toda latitud y gobierno político.

Pongamos por ejemplo, un caso conocido por todos los iberoamericanos, el de los dos últimos gobiernos de España (Psoe y PP) cuyos dirigentes políticos han hablado mucho de los males que padece el pueblo español pero, por otro lado, aparecen los chanchullos, esto es, los niditos y los huevos, de esos mismos dirigentes.

Ahora bien, ésta que acabamos de hacer es la descripción de un fenómeno dado, pero ¿tiene el Martín Fierro alguna propuesta como para poder salir de tal estado de injusticia y opresión? Nosotros creemos que sí, aunque hay algunos ilustrados que afirman que no, como lo hace el ensayista Rodolfo Kusch, cuando afirma muy suelto de cuerpo: Fierro…no nos dice en qué consiste la redención argentina.”

Martín Fierro explicita esta redención, esta liberación de los males que padece el gaucho (el pueblo) a tres niveles:



a) a nivel de propuesta cuando afirma:



Es el pobre en su orfandad

De la fortuna el desecho

Porque nadies toma a pecho

El defender a su raza;

Debe el gaucho tener casa,

Escuela, Iglesia y derechos.



b) en orden al método o camino a seguir:



Mas Dios ha de permitir

Que esto llegue a mejorar,

Pero se ha de recordar

Para hacer bien el trabajo,

Que el fuego pa calentar,

Debe ir siempre desde abajo



c) a nivel de conducción:



Y dejo rodar la bola,

Que algún día se ha de parar...

Tiene el gaucho que aguantar

Hasta que lo trague el hoyo,

O hasta que venga algún criollo

En esta tierra a mandar.



Estos tres niveles que destacamos marcan una línea clara y definida de los elementos que hay que tener en cuenta, necesariamente, para el buen gobierno:

a) las reivindicaciones que todo gobierno que se precie de justo, de cualquier latitud de la tierra, tiene que llevar a cabo para el “restablecimiento de la justicia” dándole a cada uno lo que le corresponde y al pueblo más pobre “casa, escuela, Iglesia y derechos”.

b) El origen último del poder debe nacer como el fuego siempre desde abajo. Esto va en primer lugar contra las tesis iluministas de que son los ilustrados los que saben gobernar. El sentido popular del Martín Fierro está acá presente pero no es un populismo bastardo que se reduce a “el pueblo siempre tiene razón”, sino que exige además que la voluntad de este pueblo sea como el fuego, pero no el que quema, sino el que sirve para calentar. Reclama y caracteriza el poder como servicio.

c) Finalmente, se ocupa del conductor, del líder, del príncipe como decían los antiguos tratadistas. Y exige que éste tenga característica de criollo: O hasta que venga un criollo en esta tierra a mandar. Y acá tenemos que detenernos un poco, porque Martín Fierro no dice “un gaucho” sino “un criollo”.

Según nuestra información el primero que hiciera esta distinción fue Juan Carlos Neyra en un impecable, breve y profundo ensayo, no tenido en cuenta por la multitud de intelectuales cagatintas que han hablado sobre el Martín Fierro. El concepto de gaucho implica una forma de vivir que necesariamente se da en el campo, en donde éste muestra todas sus habilidades camperas en el trabajo con la hacienda, todas sus pilchas, todas sus destrezas en juegos como el pato, la taba, la sortija y en danzas como el triunfo, el gato, la zamba, la cueca, la chacarera o el chamamé. En donde los silencios tienen sus sonidos y los trabajos sus tiempos en un madurar con las cosas, tan propio del tiempo americano.

¿Y lo criollo entonces?. Criollo es aquel que interpreta al gaucho y lo criollo es un modo de sentir, una aproximación afectiva a lo gaucho. Es por eso que el gaucho es necesariamente criollo pero un criollo, puede no ser gaucho. De allí que esos viejos camperos de antes decían: Nunca digas que sos gaucho, que otros lo digan de vos.

Así, pudo acertadamente escribir, este olvidado ensayista: Si gaucho es una forma de vivir, criollo es una forma de sentir”

El gaucho de alguna manera ha ido lentamente desapareciendo porque su forma de vida y de trabajo ha ido cambiando, mientras que lo criollo determina el aspecto esencial de nuestro pueblo.

Esa forma de sentir lo gaucho es la mejor defensa frente a la colonización cultural y la que nos determina como pueblos originarios de América con sus arquetipos emblemáticos como lo fueron el gaucho, el montubio, el llanero, el cholo, el huaso, el ladino, el boricua, el charro, el pila, etc.

Nosotros que no somos ni tan europeos ni tan indios somos los verdaderos y genuinos “pueblos originarios” de América y no como pretende el llamado indigenismo, que quiere construir una identidad en contra, básicamente, de España, renunciando a lo que ya se es. ¿O acaso Evo Morales, Correa, Chávez o Rigoberta Menchú son indios?. No, ellos son criollos que renunciando a lo que son, construyen un aparato ideológico para ser otra cosa.

Y esa “otra cosa” está al servicio de las iglesias evangélicas y mormonas norteamericanas o tiene sus oficinas en Londres como los pseudo mapuches del sur de Chile.

El hombre criollo que somos la inmensa mayoría los americanos que, cambiando lo que haya que cambiar, es como el tertius genus de San Pablo para definir a los cristianos que no son ni paganos y judíos (Gálatas, 3:28). Somos antropológicamente el producto más original que América ha dado al mundo. A ese carácter de “originales” no podemos renunciar porque nos llevaría puestos a nosotros mismos transformándonos en “otra cosa”.

En cuanto a los indios, que también son inmigrantes en América, tienen sobre nosotros sólo la “originariedad”, la cualidad de haber llegado primeros, pero no la “originalidad” que es el carácter propio de nosotros los criollos respecto de todos los tipos humanos que pueblan el mundo. Esto es clave, si no se lo entiende, le pasa como a aquel paisano: Que hombre que sabe cosas, el hombre de este albardón, que hombre que sabe cosas, pero cosas que no son.

Vimos como el Martín Fierro puede leerse en clave política como un proyecto nacional donde, como dijo alguna vez el peronismo, hay una sola clase de hombre: el trabajador. Que en el caso del poema épico argentino-americano es el gaucho, y así lo dice sin ambages ni tapujos:



Soy gaucho, y entiendanló

Como mi lengua lo explica:

Para mí la tierra es chica

Y pudiera ser mayor;

Ni la víbora me pica

Ni quema mi frente el sol.





(*) buela.alberto@gmail.com

Arkegueta, aprendiz constante, mejor que filósofo

www.disenso.info

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Tuesday, July 09, 2013

Sevillanos conflictivos 2

ABC de Sevilla, martes 9 de julio de 2013

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Sunday, July 07, 2013

Polemología

Karl von Clausewitz

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Friday, July 05, 2013

´De Cortés a Bolívar


Véase entrevista en el Diario de Sevilla

Don Luis Navarro es el primero por la izquierda de los que están de pie (Cádiz, mayo 2012, bicentenario de La Pepa. Calle Veedor, casa donde se hospedó Wellington)




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Thursday, July 04, 2013

Sevillanos conflictivos

MÁRQUEZ VILLANUEVA

«Lo espantoso de Sevilla -escribía- es que se puede ser feliz en ella, pero con una felicidad biológica que no se alcanza si no se tiene cierta catadura moral y que, ciertamente, no deseo para mí ni para mis amigos»

MUCHAS son las cartas que he escrito y recibido en una vida más bien cosmopolita y tengo o he tenido corresponsales que además han dejado atrás una obra escrita, una obra sobre la que mucho se ha escrito ya o se apresuran a escribir los que los conocen sólo o sobre todo por sus libros. Tal es el caso de Francisco Márquez Villanueva, fallecido en Cambridge de Massachussets en la primavera de 2013.
Nuestro conocimiento data de la Universidad, en la que ingresamos el mismo año de 1948, ya que, con poca diferencia, éramos de la misma quinta, como entonces se decía. Yo le llevaba unos meses de ventaja, los que iban del 6 de enero al 14 de abril de 1931, fechas agoreras que nos marcaron, a él como republicano de Ruiz Zorrilla y a mí como monárquico de los Reyes de Oriente. La primera vez que lo vi fue en el patio de Maese Rodrigo y quien me lo señaló fue mi compañero de curso y futuro jesuita Carlos Muñiz Romero, que había sido condiscípulo suyo en los Escolapios, diciéndome: «Mira, ése es otro Menéndez Pelayo». Luego, no faltarían ocasiones de conocernos mutuamente a lo largo de los cinco años de nuestras respectivas licenciaturas. Se veía a la legua que era un ratón de biblioteca, por más que alguna vez lo viera de uniforme de la Milicia Universitaria con el cordoncillo celeste de su Facultad. Aunque todo lo que no fueran los libros parecía serle ajeno, no dejaban de sorprender algunas observaciones suyas al paso de cualquier señorita llamativa, como: «Esa niña está recauchutable». Otra sorpresa fue la noticia de que había dado en ir a los jardines del Alcázar con una de esas «recauchutables» compañeras de Facultad a darle clases de inglés, uno de sus muchos saberes. Sería la madre de sus hijos. El «Bollito de Leche», como algunos le decían, estaba lleno de sorpresas. Un día que estaba yo en la biblioteca de la Escuela de Estudios Hispano-Americanos con la primera versión de España en su Historia de Américo Castro, se me acercó él y me comentó su sorpresa, que yo compartía por supuesto, de lo tradicional que resultaba aquel señor que en aquellos tiempos pasaba por «rojo». ¡Quién nos iba a decir que a la vuelta de algunos años, Paco Márquez llegaría a ser para don Américo lo que Marías fue para Ortega!
Nos volvimos a ver al regreso de mi primera salida al extranjero y fue el primer lector de mi primera novela, un bodrio en el que él creyó ver influencias de Faulkner. Él seguía en la Universidad, ya en la Fábrica de Tabacos, como profesor y mano derecha del catedrático López Estrada. Yo duré poco en Sevilla y anduve de la Ceca a la Meca hasta que senté la cabeza en Ginebra. De algún modo tuve noticia de la marcha de Márquez a Estados Unidos y en mis primeras vacaciones en ese país, fui a Harvard a saludar a conocidos como Juan Marichal y Solita Salinas y no dejé de preguntar por mi paisano. Me contaron una historia rocambolesca. Invitado por Harvard, en vista de lo que tardaba el visado de profesor visitante y convencido de que las altas esferas de la burocracia estatal y universitaria se habían confabulado para no dárselo, viajó con un visado de turista de pocas semanas, viéndose obligado a dejar Harvard e irse al Canadá para reiniciar desde allá los trámites correspondientes. Al viaje siguiente estaba ya él en Rutgers, entre Princeton y Nueva York, creo recordar, y conseguimos verlos a él y a María Teresa en un piso que apenas tenía muebles. Le pregunté por otros españoles en el mundo académico americano y estuvo tan «ácido», como decimos en Italia, con todos ellos como con sus colegas sevillanos. También a Marichal me lo puso de verde y oro y me aconsejó que no me juntara con él. Con quienes sí se l l evaba bien y además hacía buenas ausencias mías era con Ricardo Gullón e Ildefonso Manuel Gil. De Rutgers pasó ya de full professor a la City University de Nueva York, desde donde se ofreció a echarme una mano para meterme en el mundo académico estadounidense. Otro hito fue nada menos que Princeton. Nos veíamos en vacaciones e incluso una vez pasaron, él, María Teresa y l os dos niños que t enían entonces, un fin de semana con nosotros en casa de mi suegra en Pennsylvania. Recuerdo que me comentó que Marichal no había tenido más remedio que expurgar el epistolario de Azaña con su cuñado. Me propuso una conferencia, que no pude aceptar por viajar en aquellas fechas a la India. Por fin dio el salto a Harvard, donde heredó nada menos que la cátedra de Amado Alonso.
Cuando yo decidí repatriarme, él me dijo que no sabía si alegrarse o llorar. «Lo espantoso de Sevilla —escribía— es que se puede ser feliz en ella, pero con una felicidad biológica que no se alcanza si no se tiene cierta catadura moral y que, ciertamente, no deseo para mí ni para mis amigos». Yo le contestaba: «En cuanto a la felicidad, cada cual la entiende según su temperamento. Tan feliz debió de ser Argote de Molina con sus piedras como Francisco de Rioja con sus flores. … En estos días se habla mucho del regreso de don Claudio Sánchez Albornoz y hay que ver cómo se puso cuando se le ocurrió regresar a don Américo.» A buen entendedor...
Aún nos veríamos en Roma, en Isla Cristina y en Harvard. Ya lo contaré otro día.

ABC de Sevilla, jueves 4 de julio de 2013

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